
En varias ocasiones intentó acabar con su vida, pero la muerte se rehusó a llevárselo. Antonio tiene una presencia extraña: parece dibujado sobre el mundo, la luz le pega a su cuerpo de una forma diferente a como le pega al resto de las personas, tiene un caminar algo encorvado y sus pasos casi no emiten sonido. “A veces hay personas que conozco y que no me saludan cuando paso a su lado, o cuando los saludo de frente se demoran en determinarme, en darse cuenta de que me conocen y que estoy ahí”, cuenta.










