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Asesinos en masa fotocopiados

asesinos en masa

Retrato psicológico de Matti Juhani Saari y otros jóvenes asociales que descargaron su rabia destructiva contra sus compañeros de instituto, no sin antes publicitarlo en internet. Apuntan hacia la cámara, pistola en ristre. Las cejas, arqueadas. Su mano asida al revólver los iguala: son asesinos en masa, aunque antes de apretar el gatillo eran jóvenes estudiantes de gesto adusto y mundo interior turbio.

Matti Juhani Saari, el chaval que esboza una siniestra sonrisa en la imagen superior izquierda, mató ayer a diez personas en un instituto de la localidad finlandesa de Kauhojaki tras colgar una inquietante amenaza en internet, al igual que antes lo hicieron su compatriota Pekka-Eric Auvinen o el surcoreano Cho Seung-Hui.

Trazamos a continuación, de la mano del especialista en psicología clínica Andrés Cuartero, el retrato de estos jóvenes solitarios, excluidos, frustrados, depresivos, paranoides y, a la postre, suicidas que un mal día decidieron poner en práctica su rabia destructiva e impartir una suerte de justicia global con un mundo exterior que, a su desquiciado juicio, los había agredido.

Carácter agresivo, pero no sólo...

Son personas aisladas, inestables emocionalmente y con pocas redes de contactos sociales. Un joven con relaciones, ante una idea alocada, se daría de bruces con la realidad en cuanto se la plantease a un amigo. ¿Estás tonto o qué?, vendría a decirle el colega. Como carece de esa red social, va construyendo su propio mundo, valiéndose de internet, un instrumento que le garantiza el silencio y el anonimato. Su personalidad (atípica, peculiar y no aceptada por los otros) busca refugio en la fantasía, que va cobrando cuerpo hasta constituirse como algo posible y real.

El problema surge cuando entra en escena algún desencadenante (un suceso negativo acaecido en su casa, barrio o escuela) que alienta su frustración. A la hora de trazar su perfil no importa la clase social, pero sí su joven edad (a partir de los 14 años) y su sexo (varones).

¿Son psicópatas o paranoides?

Aunque no inicialmente, acaban teniendo ciertos rasgos paranoides. Lo que en principio es una imaginación errática va cogiendo cuerpo hasta que no hay distinción entre la paranoia (o la fantasía) y la realidad. En ocasiones, detrás de sus actos hay una cierta conducta psicópata al no valorar las consecuencias o el coste-beneficio de sus acciones.

Impulsos incontrolados

Los comportamiento agresivos de caracter espontáneo no suponen algo nuevo. Son inherentes a la especie humana y siempre los ha habido, pero ahora varía su magnitud. En el caso de los jóvenes alumnos que la emprenden con sus compañeros y profesores de escuela, nos encontramos con una agresividad sobre los demás proyectada de forma masiva. Ahí reside la novedad, así como en la utilización de armas de fuego (y la facilidad para disponer de ellas) y en la premeditación de sus acciones, diseñadas minuciosamente.

Escribir la historia (y ser el protagonista absoluto)

Son sujetos que han ido construyendo poco a poco un guión cinematográfico durante mucho tiempo, incluso años. A través de pequeñas pistas que van dejando (textos y vídeos en internet, dibujos y anotaciones en diarios...), recrean una historia fantasiosa, como si se tratase de una película. Una vez que ha ocurrido el desastre, se analiza esa trayectoria, pero antes resulta muy difícil discernir hasta donde puede evolucionar un pensamiento destructivo y macabro.

Los especilialistas, además, se encuentran con una barrera final para trazar un retrato psicológico impuesta por los propios asesinos: primero matan y luego se suicidan o son abatidos por las fuerzas del orden. "Quieren ser recordados por su hazaña y el guión para pasar a la posteridad acaba así. Solamente podemos conocer un poco su perfil rastreando en lo que han dejado escrito o filmado", explica Cuartero. En definitiva, sienten placer escribiendo su propia película, ejercen de actor principal de la misma y consideran que van a pasar a la posteridad por realizar una gran hazaña, pero no sobreviven para desvelar su intrahistoria.

¿Es el suicidio su fin último?

No. Ése es un comportamiento que puede darse en adultos, que en situaciones de desesperación pueden llevarse por delante a alguien antes de suicidarse. Los adolescentes no van en esa dirección, ya que nadie planea su suicidio durante meses o años, ya que se trata de un acto más impulsivo. Digamos que es su forma de poner fin a la película que han escrito durante tiempo, pero no el objetivo principal de su acción.

El uso de internet...

Estos jóvenes buscan en internet relatos e historias de otras personas que han hecho lo mismo.  Internet y las nuevas tecnologías influyen, no sólo como causantes de las matanzas sino como principal canal utilizado por los asesinos. Su mundo está ahí dentro. Es donde pueden manifestarse, nutrirse de información para imitar otros crímenes e ir dejando pistas del guión que han ido escribiendo en su mente. Además, pueden compartirlo con sus iguales, lo que ayuda a que la idea sea cada vez más real.

... y el influjo de los medios de comunicación 

Existen modelos que les llevan a identiticarse con una serie de patrones y de personas que pasan a la posteridad porque hacen grandes cosas. El joven se convierte en protagonista de su propia película, aunque en principio no tiene la intención de causar ese daño, pero sí la necesidad psicológica de sentirse el centro de algo.

Imitación y superación 

Tampoco hay que olvidar una cierta idea de competición entre ellos. Debido a su carácter introvertido con rasgos asociales, tienen escasos lazos con otras personas, por lo que su fantasía convertida en realidad los convierte en alguien importante. Hay imitación e, incluso, más que emular los casos anteriores, quieren superarlos.

¿Afán de venganza?

La venganza puede aparecer como un reflejo impulsivo a ese detonante que les ha frustrado, pero en el fondo no buscan ser personas que quieran pasar a la historia por ser amadas, sino por ser temidas. Procuran la notoriedad. Se sienten todopoderosos. Señores de la vida y de la muerte. Quieren demostrar que son capaces de hacerlo y en sus actos hay un cierto componente místico. Así, piensan: Cuanto más temido, más persona soy. (fuente www.adn.es)

 

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