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El nuevo sistema solar donde hay esperanzas de encontrar vida

¡Cuarenta años luz! A esta distancia se encuentra Trappist-1, el sistema estelar recién descubierto y que renueva la esperanza de los científicos de encontrar vida más allá del sistema solar, nuestro vecindario planetario. Con todo y que recorrer esta distancia es, con la tecnología actual, una quimera –implica viajar durante cuatro décadas a 300.000 kilómetros por segundo, es decir la velocidad de la luz–, el anuncio hecho ayer por la Nasa significa un nuevo punto de partida para responder a la eterna pregunta de si estamos solos en el universo.

 

El hallazgo, publicado en la revista científica británica 'Nature' y divulgado por sus autores desde los cuarteles generales de la Nasa en Washington (Estados Unidos), describe la presencia de siete planetas que orbitan a la estrella enana roja Trappist-1, denominada así por las siglas en inglés del telescopio con el que fue identificada en el 2010: el Telescopio Pequeño para Planetas en Tránsito y Planetesimales, ubicado en Chile. Lo especial de estos exoplanetas (denominación para los que giran en torno de estrellas diferentes a nuestro Sol) está en que, al menos tres de ellos, se encuentran dentro de la zona de habitabilidad de su estrella.

Esto quiere decir que se ubican a una distancia respecto de su estrella que permite una temperatura adecuada para que haya agua líquida en su superficie.

Estas características hacen pensar en las posibilidades de que se pueda albergar vida (de la forma que la conocemos).

En el caso del sistema Trappist (el número uno se emplea para designar a la estrella), los científicos creen que seis planetas más cercanos a la estrella son rocosos y pueden tener una temperatura en la superficie de entre 0 y 100 grados centígrados, el rango en el que puede haber agua líquida.

“El descubrimiento nos da una pista de que hallar una segunda Tierra no es un tema de si ocurrirá, sino de cuándo”, dijo el científico jefe de la Nasa Thomas Zurbuchen, en la conferencia de prensa.

Seguir el rastro

Brice-Olivier Demory, del Centro para el Espacio y la Habitabilidad en Universo, de la Universidad de Berna (Suiza) y uno de los responsables de la investigación, le dijo a EL TIEMPO que, por las condiciones mencionadas, “estos son nuestros mejores candidatos, hasta ahora, para buscar formas de vida más allá de nuestro sistema solar”.

“Lo más importante: estos son los únicos planetas terrestres para los cuales tendremos la posibilidad de caracterizar sus atmósferas y buscar oxígeno u ozono, por ejemplo. Pero esto no significa necesariamente que estos planetas son los más probables para albergar la vida. No tenemos una buena comprensión de las circunstancias en las que podría surgir la vida, por lo que esta pregunta permanece abierta y es por eso que esta búsqueda de otros mundos es tan fascinante”, aseguró Demory.

A la pregunta de qué esfuerzos científicos se podrán llevar a cabo para determinar si hay o no organismos vivos en Trappist, Demory responde que será una empresa que tomará tiempo. “Nuestra única manera de detectar la vida en estos planetas es a través de sus atmósferas. Esperamos reconocer moléculas que son generadas por la vida y que nos permitirían afirmar claramente que los procesos biológicos existen en estos planetas”, explica el científico, y agrega que el principal problema al que se enfrentan en este momento es que muchas de estas “firmas biológicas” son falsos positivos, es decir, que detectarlas no es garantía de que hayan sido generadas por la vida.

De esto, dice: “Hubo un precedente con la detección del metano en Marte, cuyo origen (geológico o biológico) ha sido objeto de feroz debate. Así que tenemos que ser extremadamente cuidadosos y tener en cuenta que la vida podría ser mucho más diversa de lo que sabemos de la Tierra”.

Órbitas cortas

Los siete planetas, que fueron nombrados siguiendo una nomenclatura alfabética que va desde la ‘b’ (el más cercano a Trappist-1) a la ‘h’ (el más lejano), son hasta 80 veces mayores respecto a Trappist-1 que la Tierra respecto al Sol, por lo que bloquean una gran cantidad de luz cuando transitan por delante de la estrella, lo que les facilitó a los investigadores la identificación de sus componentes químicos por medio de técnicas de fotometría.

El geólogo planetario David Tovar explica que el proceso mediante el cual fueron reconocidos los planetas del sistema Trappist se denomina tránsito fotométrico, y mide las variaciones de la luminosidad de la estrella cuando un planeta pasa entre ella y el observador, o sea nosotros. “Como el planeta está eclipsando a la estrella, la luminosidad de esta se ve disminuida y la juiciosa observación de estas fluctuaciones se puede medir con alta precisión, permitiendo a los científicos saber el periodo orbital de cada planeta (tiempo que tardan en dar una órbita alrededor de la estrella)”.

Los seis cuerpos interiores de Trappist-1 tienen periodos orbitales de entre 1,5 y 13 días, lo que recuerda a los astrónomos al sistema que forman Júpiter y sus lunas, tanto por sus proporciones relativas como por las órbitas compactas y cercanas.

Estudios a fondo

El astrofísico colombiano Santiago Vargas considera que si bien 40 años luz parece una distancia inalcanzable, diez veces más lejos que Próxima Centauri (la estrella más cercana a nuestro Sol), en escalas cosmológicas es muy cerca para su estudio. “Estamos ante el paso preliminar para estudiar mucho más en detalle las propiedades de esos planetas y de sus posibles atmósferas, lo cual es esencial para poder pensar que tenga las condiciones para albergar vida”, indica Vargas.

Vargas señala que esto será posible gracias a toda una nueva generación de telescopios que están siendo construidos y que están encabezados por el telescopio espacial James Webb, que ya está prácticamente terminado y se espera que pueda ser puesto en órbita finalizando el 2018 para reemplazar al emblemático Hubble.

“Apuesto a que en cinco años habremos encontrado docenas de planetas orbitando estrellas similares a Trappist-1, por lo que las perspectivas son excelentes”, apunta Demory.

El caso de Próxima b

En agosto del 2016, el mundo de la ciencia recibió con asombro el hallazgo de un planeta que, se presume, es similar al planeta Tierra. Fue presentado como ‘Próxima b’ y el hallazgo se produjo en Alfa Centauri, el sistema solar más cercano al nuestro, a cuatro años luz de distancia.

Próxima b es un poco más masivo que la Tierra, está dentro del rango de los planetas rocosos, lo que hace que posiblemente sea similar a nuestro planeta en su composición geológica. Está a una distancia ideal de su estrella (Próxima Centauri), lo que quiere decir que, si hubiera agua en su superficie y una atmósfera lo suficientemente gruesa, esta agua podría estar en estado líquido, por eso se dice que este planeta está en la ‘zona de habitabilidad’.

Julien Morin, del Laboratorio Universo y Partículas del Centro Nacional de la Investigación Científica, en la Universidad de Montpellier, y quien participó en este descubrimiento, explicó que saber de la existencia de Próxima b podría ser el primer exoplaneta y podría recibir la visita de una sonda espacial el día en que el ser humano alcance a desarrollar las tecnologías necesarias.

NICOLÁS BUSTAMANTE H. (eltiempo.com)