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La llegada del hombre a la Luna ¿fraude o realidad?

 En muchos blogs y sitios pseudocientíficos se sostiene que en realidad el hombre nunca piso la Luna. Según los defensores de esta teoría conspirativa, las imágenes que la NASA mostró del viaje del Apolo corresponden a un montaje, y que el hombre nunca desembarcó sobre el satélite.

Hace casi 40 años, el 20 de julio de 1969, el astronauta norteamericano Neil Armstrong, frente a una audiencia estimada de mil millones de televidentes daba si pequeño paso, con el pie izquierdo, y se paraba sobre la polvorienta superficie de la Luna. La luz del Sol, sin una atmosfera que la difuminase, daba un brillo extraño a la escena. En ese momento comenzaba una nueva era para el hombre, y una nueva leyenda urbana.

Es que no son pocos los que hoy piensan que todo se trato de un montaje. De hecho, según una encuesta encargada por la NASA, el 11% de los norteamericanos cree que en realidad el “alunizaje” se filmo en el desierto de Nevada, a solo 150 kilómetros de Las Vegas. La teoría del engaño, apoyada entre otros por los polémicos autores Bill Kaysing, Ralph René o Bart Winfield Sibrel, afirma que se monto un estudio de televisión en el desierto, y desde allí se trasmitieron las imágenes que el resto del mundo creyó provenían del Mar de la Tranquilidad, en la Luna.

El objeto de dicho engaño habría sido cumplir, a cualquier precio, la promesa que, en plena guerra fría, había hecho el presidente Kennedy al Congreso de Estados Unidos. Kennedy se comprometía a situar un hombre en la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra antes del fin de la década del sesenta. Esa era su respuesta al Sputnik ruso. Además, no debemos olvidar que en 1969 la Guerra de Vietnam se encontraba en pleno apogeo, por lo que un alunizaje constituiría una distracción muy conveniente para un gobierno que tenía en haber más de 50.000 muertos en una guerra cuyo sentido no estaba demasiado claro.

Bill Kaysing, uno de los más férreos defensores de la teoría de la conspiración, trabajó entre 1956 y 1963 como redactor técnico en las misiones Apolo. "Durante este tiempo la NASA realizó un estudio de viabilidad que indicó que sólo tenían un 0,0017% de posibilidades de situar un hombre en la Luna y de devolverlo luego a Tierra.", dice Kaysing-, y asegura que es imposible que para 1969 hubiesen alcanzo un éxito del 100%.

En realidad, la tecnología utilizada por el Apolo 11 era muy primitiva comparada con los estándares actuales, y según algunos, este hecho da la razón a Kaysing. El ordenador de a bordo tenía menos memoria que una lavadora moderna.

Entre las objeciones que plantean los partidarios de la teoría conspirativa se encuentra la ausencia de estrellas en las fotos tomadas en la Luna por los tripulantes de las diversas misiones Apolo. De hecho, la cuestión tiene cierta lógica: el cielo de la Luna es límpido, y no hay atmosfera que entorpezca la visión del espacio, así que ¿dónde están las estrellas?

La respuesta a esa pregunta es bastante simple: las estrellas están ahí, solo que no podemos verlas. Se trata de objetos cuyo brillo es demasiado tenue para aparecer sobre la fotografía. En realidad, para sacar la foto de un astronauta vestido con un traje blanco sobre el fondo negro del espacio hay que ajustar la cámara de forma que el tiempo de exposición sea lo suficientemente pequeño para semejante contraste. Las estrellas simplemente no alcanzan a registrarse sobre la película.

A algunos le resulta extraño a ninguno de los astronautas se le ocurriese hacer una instantánea con un tiempo de exposición suficiente para capturar el firmamento tachonado de estrellas. La cámara Hasselblad con película Ektachrome de 160 ASA hubiese podido tomar una esplendida foto del cielo. Los escépticos argumentan que tal foto no se tomo por ese cielo hubiese sido imposible de reproducir sin despertar las sospechas de los astrónomos.

Una empresa de publicidad llamada The Viral Factory publicó un vídeo en internet (el año 2002) que cuestionaba el alunizaje del Apolo. En él se veía como uno de los astronautas (Neil Armstrong) abandona el Apolo 11 para pisar el suelo lunar. En ese mismo instante uno de los focos de la escenografía se caía. Se veía como de inmediato ingresaban al set una serie de técnicos para arreglar el desperfecto y seguir con la grabación. Para rematar, de fondo se escuchaba la supuesta comunicación de los astronautas con el centro de control de misión.

Según moontruth.com, el video provenía de productores de televisión cercanos a la NASA. A pesar de que casi todos los expertos aseguran de que se trata de un “spoof" los responsables del sitio siguen sosteniendo la autenticidad del vídeo.

Otro argumento esgrimido a menudo es el porqué la bandera estadounidense ondea en uno de los vídeos. Como no hay viento en la Luna, esto no debería ocurrir. Sin embargo, tal como puede verse en muchas fotografías, la bandera tenía un soporte en su parte superior para que permaneciera extendida. Las arrugas y ondulaciones producidas por haber estado legada durante el viaje le da una apariencia que puede confundirse con la de una bandera ondeando, pero en realidad, los videos muestran como se queda completamente inmóvil luego de que los astronautas la colocan sobre la Luna.

También se sostiene que es imposible tomar miles de fotografías, todas ellas perfectamente expuestas y enfocadas. La principal prueba en contra de este argumento son, justamente, los cientos de fotografías que están desenfocadas, o incluso, veladas.

Se dice que el brillo de la bandera y las palabras “United States” siempre está presente, aún cuando todo es oscuro alrededor. Ninguna de la fotografías coincide con las tomas de video, aunque la NASA asegura que las tomó al mismo tiempo. La explicación a este fenómeno hay que buscarla en los reflejos. La superficie lunar refleja una buena parte de la luz del Sol, iluminando partes del módulo, construido de material a su vez reflectante. No es cierto que las fotografías no coincidan con los vídeos grabados. De hecho, científicos y geólogos de todo el mundo las han analizado durante décadas, sin hallar ninguna cosa extraña.

Si te cruzas con un fanático de las conspiraciones, seguramente te dirá que el espacio exterior está plagado de mortales radiaciones emitidas por el sol, que, extrañamente, no dañaron a ningún astronauta. Ninguno contrajo cáncer, ni siquiera los de la misión Apolo 16 quienes fueron sorprendidos por una llamarada solar que debió haberlos matado. Pero en realidad, no hay pruebas de que hubiera una erupción solar importante durante el vuelo del Apolo 16. Hubo varias mese después de que la misión hubiese terminado, en agosto de 1972.

La actitud de” ¡Si no lo veo no lo creo!” es propia de los partidarios de las conspiraciones. Sin embargo, cuando una nave tripulada como el Apolo 11 realiza un viaje por el espacio permanece en contacto radioeléctrico con la estaciones de seguimiento en tierra. En ese caso, estaban en California, Australia y España (Fresnedillas, cerca de Madrid), cubriendo cada una ocho horas del día. Medían la velocidad de la nave, su posición y comprobaban que no se apartara de su órbita. No eran datos secretos, sino todo lo contrario. Cualquier particular equipado con un radiotelescopio podría “oír” al Apolo. Incluso los rusos seguían a las naves americanas.

Si todo hubiera sido un fraude, hubiesen sido precisamente los soviéticos quienes lo hubiesen denunciado. La llegada del Apolo a la Luna fue una gran derrota para el régimen soviético. La cuestión es que, gracias a la publicación de algunos libros sobre el tema, y a un análisis demasiado superficial de la información disponible (sobre todo de las fotografías), un gran porcentaje de los propios norteamericanos ponen en duda la veracidad de las misiones lunares. Sin embargo, no dudan en aceptar, por ejemplo, incidentes como de Roswell.

Las sombras de los astronautas, otra fuente de dudas.
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La ausencia de estrellas, un hecho perfectamente explicable.
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