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Los 'cabeza de rata' en Pakistán, entre el mito y la explotación

Gujrat. Pakistán. Las primeras luces del día comienzan a iluminar las callejuelas laberínticas que conducen al santuario de Shah Daula, en la localidad de Gujrat, a 100 kilómetros de Lahore. Nadia, aún con cara de sueño, se sienta en el suelo junto a su vieja caja de madera para donativos. Con aire nervioso se balancea hacia atrás y hacia delante, mientras Ali Raza, su protector y centinela del mausoleo, abre el robusto portón que protege la tumba del santo sufi del siglo XVI. Nadia tiene 25 años, aunque parece una niña por el tamaño del cuerpo. La cabeza es más pequeña de lo normal y el rostro está marcado por cicatrices. No puede hablar y para comunicarse hace aspavientos con las manos.

Nada más al nacer con una malformación cerebral, fue entregada por sus padres al templo para prestar servicios de por vida.

Nadia es una "chuha", una cabeza de rata, como se conoce popularmente a las personas con microcefalia que son vendidas a las mafias locales para la mendicidad. Se calcula que en Gujrat y alrededores hay medio centenar de ellos.

Raza asegura que una noche dejaron a la bebé a las puertas del mausoleo y que él la recogió y la cuida como a su propia hija. "Es un mensajero de Alá, una bendición para todos nosotros", exclama con gestos dramáticos, pero no convence.

Raza hace de mediador entre las redes de mendicidad y los padres desesperados que, a falta de recursos económicos, han optado por vender a sus hijos discapacitados por una cantidad de entre 800 y 1.000 euros.

Durante siglos se ha asociado al santuario de este místico sufí el milagro de la fertilidad. Donde ahora yacen los restos del iluminado se construyó un centro de acogida, conocido como "Masub Chock", para los niños que nacían con este trastorno neurológico. Y así nació el mito de los "hijos de Shah Daula", que se ha mantenido durante generaciones hasta la actualidad.

Según esta creencia popular, las mujeres con problemas para concebir hijos iban a rezar a la tumba de Shah Daula. Pero el milagro de la fertilidad se pagaba caro y el primero de los hijos nacía con microcefalia y, como tributo, era entregado al templo.

Reliquias de todo tipo, pequeños anillos, muñecas de estaño con la cabeza reducida y pétalos de rosas se compran en la plazoleta por cientos de devotas que esperan recibir la bendición del santo.

Sentada en la entrada del mausoleo, junto al arco que conduce a la explanada que rodea la tumba del místico sufi, con ojo avizor controla el movimiento incesante de peregrinos. Al acercarse las devotas, Nadia mueve su caja de madera para recordarles que tienen que depositar un donativo.

Más allá del mito, y a solo unas calles de este centro de peregrinación, decenas de personas con esta malformación son explotadas como mendigas.

En medio de una multitud, entre autobuses y puestos de vendedores ambulantes, Adel, de 15 años, y ciego, va de la mano de Amyed Ali, su protector. Vestido con túnica verde, el color sagrado de los musulmanes, Adel bendice a los que se le acercan poniendo la mano sobre sus cabezas.

Cada mañana, Ali recoge a Adel, que vive con otros tres cabezas de rata en la aldea de Tasil Qaria, a 30 kilómetros de Gujrat, y suben a un microbús hasta la estación central de autobuses, donde le obliga a trabajar hasta el atardecer. El niño suele recaudar unos 5 o 6 euros al día (cerca de 15 mil pesos), una fortuna en Pakistán, teniendo en cuenta que el sueldo medio es de 40 euros al mes.

Dulan Wala, de 17 años, se divierte encendiendo el incienso que porta en una cajita de madera agujereada, siempre cargada entre sus manos. Con destreza, la joven cruza entre la multitud que espera el autobús y avienta el humo del incienso hacia los pasajeros para que le den alguna moneda. Su túnica es más larga que ella, por lo que, a veces, se tropieza y tambalea. Su centinela es un anciano que camina enjuto y apoyándose en un bastón. La mendiga vive con otra familia en una sencilla vivienda de adobe en una de las zonas más deprimidas de Tasil Qaria.

Al igual que Adel, Dulan Wala recorre todas las mañanas en microbús la distancia entre su aldea y la localidad de Gujrat, donde la obligan a practicar la mendicidad.

Sohail lleva 40 años viviendo en una desgastada tienda de campaña con la familia que lo compró, al lado de un vertedero en las afueras de Gujrat. A pesar de la miseria que lo rodea, muestra un rostro afable. Sohail no puede hablar y, por ello, sus ojos han aprendido a ser muy expresivos. Hamid, el cabeza de familia, controla el dinero que trae el mendigo deficiente a casa. Sohail, tras una larga jornada de trasiego en las calles de Gujrat, suele recaudar unos 7 euros al día (cerca de 18 mil pesos), de los cuales debe guardar una parte para entregársela a la mafiosa que lo vendió. "Los guardianes de Shah Daula nos piden entre 20 y 30 euros cada mes", detalla Hamid.

Aún así, el beneficio que sacan con Sohail es mucho mayor que todo el trabajo de los cuatro hermanos juntos. "Él es una bendición para nosotros. Gracias a Sohail no pasamos hambre", exclama el cuidador del mendigo.

La explotación de personas con esta malformación ha llevado a sospechar que el mito de Shah Daula fue fabricado para engañar a los devotos. Anush Husain, director de Sahil, una organización que lucha contra la explotación infantil, va más allá y denuncia que los niños "cabeza de rata", lejos de ser un fenómeno natural, "son deliberadamente deformados por estas mafias que los recogen de bebés de sus padres".

Una vez finalizado el proceso, varios años después, explica Husain, los niños son vendidos o alquilados como mendigos. Aunque no hay pruebas que lo verifiquen, Husein asegura que las mafias locales utilizan "artefactos medievales" para desfigurar a los niños. "He escuchado que usan anillos de hierro que se colocan en la cabeza del bebé para que deje de crecer", insiste el director de Sahil, que aclara que la microcefalia es un trastorno congénito, y en muchos de los casos "no hay antecedentes de familiares que hayan sufrido esta enfermedad". Al tratarse de un tema muy delicado, comenta el director de la ONG, "es muy difícil investigar sobre los artilugios que emplean para provocar a los bebés esta malformación".

El gobierno paquistaní prohibió hace más de 15 años que el templo de Shah Daula acogiera a niños abandonados con microcefalia. Sin embargo, "las mafias locales explotan el nombre del místico sufi para engañar a los creyentes", se quejó Husain, antes de agregar que "si estos delincuentes se acercaran al mausoleo, serían inmediatamente detenidos".

"Estás prácticas van en contra del islam. Ensucian el santo nombre de Shah Daula", denuncia, al tiempo que insiste en que "las autoridades no se están tomando en serio este problema, que atenta contra la integridad de las personas con anomalías físicas. Esta práctica es ilegal y la justicia debería castigar a estos criminales que abusan de los discapacitados", reitera Husein.

Fuente: www.eltiempo.com

ETHEL BONET
PARA EL TIEMPO

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