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Los caprichos de sir Paul McCartney

El trabajo y agite del equipo de producción de Fernán Martínez y Ricardo Leiva, para realizar el concierto de Paul McCartney no ha sido grato. Contratar a uno de los cantantes más famosos del mundo, tal vez, fue lo más fácil. De ahí en adelante vino la maratónica tarea de cumplir con las exigencias que llegan desde el manager del Sir Inglés hasta las del topógrafo del Campín.

El miércoles 18 de abril, llagarán tres aviones con el equipo On the run tour, al que le deben tener preparado una decena de condiciones. El primer avión es un Jumbo carga en el que traen un montaje de sonido de última generación con parlantería de 430 altavoces, que formarán cuatro torres para amplificar la voz de McCartney, sonido que será manejado desde una consola digital por el famoso técnico americano Abel Laboriel. Así mismo, y esto es lo más novedoso, el tour trae por primera vez al país dos pantallas LED de 24 metros de altura por 3.40 metros de ancho, para que hasta el asistente más alejado del escenario pueda ver al ex beatle como si lo tuviera de frente.

En el segundo avión vendrán 85 personas, desde maquilladores hasta un equipo médico. Es por ello que las exigencias en el backstage del concierto son tan particulares. Se piden diez oficinas con sus respectivos escritorios, seis camerinos alfombrados y rodeados de cortinas de terciopelo negro, poltronas para descansar, mesas para bufet y espejos rodeados de bombillas con luces blancas.

Por su lado, la tercera aeronave en aterrizar será el Jet privado del cantante, en el que junto a la estrella llegaran: Paul ‘Wix’ Wickens, teclistas desde 1989 de McCartney. Rusty Anderson, guitarrista que tocó con bandas como The police, The Ramones y Van Halen. El percusionista Abe Laboriel Jr, que ha trabajado con Lady Gaga y BB King. Y el guitarrista Brian Ray que empezó su carrera con Etta James.

Los colombianos, para todo este equipo, tuvieron que contratar un catering que proporcione 480 platos vegetarianos, que traerán, entre otros ingredientes, el exquisito queso mozzarella di buffala. Estás mismas peticiones las han realizado en los doce países que ha visitado el artista en lo corrido de la gira.

Después de organizar y preparar todos los requerimientos anteriores, el equipo de Martínez y Leiva, al tiempo, va cumpliendo con las exigencias del escenario. Desde que la Alcaldía aprobó, hace tres semanas, la utilización del Estadio El Campín, tuvieron que contratar ingenieros quienes demostraron que la cancha no se iba a afectar si se cubría con estibas de plástico. De manera que, el pasado lunes, llegaron en 21 camiones 12 mil estibas grises para cubrir los 12 mil metros cuadrados de gramilla.

Así, mientras ubican como en un rompecabezas cada cuadrado, otros 170 obreros van montando la enorme tarima con un techo de 12 metros de alto y un piso de 20 metros de ancho, donde se desplazará, brincará, correrá, y cantará McCartney junto a su banda.

El agite en el estadio, minuto a minuto, es más intenso. Fernán Martínez despide a Ricardo Leiva que debe ir a una reunión con la gente que coordinará a las 960 personas de la seguridad privada. En el mismo instante, Martínez va hablando por su teléfono con la directiva de Canal Capital, mientras camina hasta la mitad de la cancha para hablar con el topógrafo de la compañía responsable del escenario.

De pronto, uno de sus asistentes le recuerda el pago de un nuevo seguro por más de 40 millones de pesos. Vuelve a sonar el celular con llamadas de gente de seguridad de personas acaudaladas que, sin ninguna pena, piden boletas regaladas. Un radioteléfono suena y le informan que llegó el Alcalde de la localidad para hablar de otro requerimiento. Al llegar a la mitad, presenta al topógrafo del estadio con un topógrafo privado para que ellos dos discutan sobre el milímetro que, ‘supuestamente’, se puede hundir la cancha.

En el pin de su blackberry, le comentan que aún quedan 1400 boletas a la venta. Fernán llama a Leiva y le pregunta si llegaron las plantas eléctricas para seguir trabajando toda la noche, porque encender las luces del estadio cuesta 400 mil pesos la hora. El payanés, parado en toda la mitad del estadio El Campín, da un lento giró de 360 grados, mirando todo el escenario, suspira y dice:

“El que tenga plata con que venir y no venga, se va a perder del mejor espectáculo que se ha hecho en la historia de Colombia” (Fuente: kienyke.com)

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