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El día que iban a secuestrar a Suso el Paspi

“Un miércoles del año 2010 estaba escribiendo un monólogo para el programa de esa noche, en aquellos días, The Susos Show era emitido los miércoles. Sonó el teléfono y un amigo me dice: Dany te van a secuestrar. Me puse pálido. ¿Cómo así? Sí, hay una gente que te tiene vigilado desde hace días”.

 

El humorista paisa Dany Alejandro Hoyos, quien le da vida a Suso el Paspi, escribió en su página web un relato y retrato de ausencias y dolores de él y su familia con la guerra. Dany mediante esta publicación escrita por él mismo, trata de hacer un exorcismo a los demonios que le dejó la guerrilla, paramilitares o cualquier otro grupo armado.

“Lo hago porque necesito exorcizar el dolor, promover la paz y solo tengo dos formas de hacerlo; a través del humor y escribiendo. Esta vez elegí la segunda”.

Dany Hoyos, Suso el Paspi y su cercana relación con el secuestro

Luego de recibir la aterradora noticia de que sería secuestrado, el humorista recibe apoyo de la Alcaldía de Medellín, del Gaula, del ejército y de su lugar de trabajo en ese entonces, TeleMedellín. Andar con escoltas y chaleco antibalas fue a lo que se tuvo que acostumbrar Suso el Paspi, quien en la noche que fue avisado de su secuestro, irónicamente se encontraba grabando un programa dirigido a la paz.

“No lo creía. Un país que amenaza a un humorista es un mal chiste. Pasado un mes, recibí otra llamada de mi amigo. Parce ahora no van por vos, ya tenés seguridad. Van por tu mamá o tu hermana. Ahí me quise morir”.

“A mi mamá no, hijueputas, a mi hermana no gonorreas. Vengan por mí”, gritaba con ira por la ventana y desafiando cualquier pronóstico reservado que su amigo le aconsejo tener.


Después de mucho llorar el comediante cuenta en su texto: Del Humor y Otros Demonios, que fue a buscar a su mamá y hermana para contarles lo que estaba pasando, aunque él no podía creer que su familia estaba en peligro por su carrera y las cosas que decía en televisión.

“Los tres nos sentamos a llorar. Mi mamá toda linda me decía: Mijo no llore que usted no tiene la culpa, este es el país en el que nos tocó vivir. Y sí, nos tocó irnos del barrio a las seis de la mañana, como unos delincuentes, huyendo de la casa que yo le había construido a mi mamá, una casa que me soñaba desde chiquito”.

Sin sentir pena alguna por el adagio popular que dice “los hombre no lloran”, Dany cuenta que aún llora en su intimidad recordando esa noche, porque por muchos años no pudo volver a Ituango y que aunque ahora están bien y pasó el peligro, debe reportarse siempre a las autoridades y su mamá y hermana avisarle cada movimiento.

Sin embargo, después de todo lo ocurrido ha recibido dos llamadas amenazantes de muerte, motivo que no lo deja muy tranquilo por eso le pide a Dios todas las noches que cuide a su familia.

En su confesión, además narra cómo desde pequeño tuvo un lazo con la guerra, la que le hizo perder a Don Alfredo, John, Beni, sus amigos.

“A Don Alfredo lo torturaron, le cortaron la lengua y lo enterraron al lado del camino. Escuché atento el relato de mi mamá y le dije: Ay mami, muchos hijueputas. Bueno me voy a estudiar. Me entré a mi habitación y comencé a llorar”, narra el humorista.

Se escondió de su mamá porque no le gusta que lo vea llorar, pero luego de un tiempo, Dany tuvo que dejar ver su dolor, porque ahora el muerto era John, quien había estudiado con él en la primaria.

“A John lo mató la guerrilla. Por acá (Ituango) no había trabajo, la guerrilla pasó reclutando gente y John se metió ahí, un día se les voló porque la vida por allá es muy dura. Ellos les pintan a los muchachos una carreta muy distinta. John no alcanzó a llegar muy lejos, lo ajusticiaron, lo mataron y le mandaron la razón a su mamá que fuera a recoger a su hijo”.

Ahora John solo es una reminiscencia que Suso tiene presente cuando recuerda cómo en los recreos se subían a los palos de mango a mirar las montañas. John le decía que él era capaz de irse caminando hasta Medellín, pero Suso pensaba que estaba loco, ya que Ituango quedaba a ocho horas en bus y finalmente hacían cosas de niños como soñar y jugar “a que no”. A que no es capaz de tirarse de ahí, a que no es capaz de sostenerse en un solo pie.

“Parce, mataron a Beni”, le dijo un amigo al comediante, “No quise ir al entierro. No fui capaz. No fui al colegio por una semana. Me montaba en el bus y daba vueltas y vueltas pensando que la vida era una mierda. Pensando en la venganza, en cómo podía matar a los que mataron a Beni. A bala, a cuchillo, con una bomba, por gonorreas hijueputas, cómo me matan al parcero decía en el bus recostado al vidrio de la ventana”.

Después de haber imaginado cosas malas y quererse igualar con los terroristas, Suso recapacitó y su dolor fue pasando, pero su tristeza seguía ahí, sin embargó hoy dice que votará sí el plebiscito para que esto nunca más vuelva a pasar.

“Hoy después de muchos años puedo decir que los perdono. Me cansé de odiar. Me cansé de tener rencor contra unos señores que ni sabrán quien soy. El que odia es el que sufre. Por eso, he tratado cada día de entender por qué pasan esas cosas y cómo cada vez entiendo más la conducta humana; los perdono. A todos los que nos han hecho tanto daño a mí y a mi familia. A esos, que sin saberlo llenaron mi vida de miedo. Sean paras, guerrilla, milicias, lo que sea. Siento que hay esperanza de paz, si gana el Sí”. (Fuente: Kienyke.com)