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Orgasmo sirve para todo, hasta para curar dolor, comprueban estudios científicos

Aunque el orgasmo existe desde el mismo momento en que el hombre pisó la tierra, solo recientemente ha dejado las sábanas para pasar a los laboratorios y a las universidades.
Por Esther Balac, Especial para EL TIEMPO
Hoy los científicos dedican mucho tiempo a entender cómo fluye la sangre, qué pasa en el cerebro, qué moléculas se activan y qué es lo que nos emborracha y nos enajena en esos instantes de gozo. Y no es por jugar. Por ejemplo, en la Universidad de Groningen en Holanda se dieron a la tarea de hacer un mapa cerebral del orgasmo humano y encontraron que en el hombre la estructura que más trabaja durante la eyaculación es el cerebelo. Este es como un cerebro pequeño domiciliado atrás y que también es muy activo en cuestiones más mundanas de ellos, como el consumo de heroína, el gusto por la música o las sensaciones cuando obtienen un premio. En nosotras encontraron que además de que el cerebelo se nos pone a mil, en ese momento divino se nos apagan la amígdala cerebral y el hipocampo, que tienen que ver con el sistema de alerta. Esto explicaría por qué los señores 'llegan' incluso haciendo fila en el banco y para nosotras es tan difícil alcanzar el clímax en un 'quickly' detrás de una puerta. Simplemente porque tenemos que desconectar una alarma en la cabeza y para eso necesitamos estar relajadas y sin distracciones. Claro, a no ser que finjamos. Obviamente hay excepciones. Resulta que una británica llamada Ellie Allen les aseguró a los médicos que tenía hasta 250 orgasmos al día sin contacto sexual alguno. Al principio pensaron que la señora. al igual que ciertos hombres, alardeaba, pero confirmaron que padecía de síndrome de excitación sexual permanente (Psas), un extraño, pero real mal, que hace que las mujeres por causa desconocida tengan orgasmos hasta sacudiendo un tapete (algunas mujeres han relacionado este mal con el consumo de algunos antidepresivos. Confieso que me gustaría sentirme enferma de eso a ratos). En la otra orilla está la anorgasmia, tema que también preocupa a los investigadores. Se calcula que entre cinco y diez de cada cien mujeres sin ninguna restricción sexual pasan por la vida sin saber qué es eso. A la par, los estudiosos descubrieron que quienes la padecen en un 93 por ciento no se han masturbado nunca y que la mayoría de los casos se resuelven empiezan a hacerlo. Cosas de la ciencia. Hay más. La anatomía del orgasmo en la médula espinal tuvo importantes avances hace menos de cinco años de manera accidental en un quirófano de Winston Salen, en Estados Unidos. Allí, Stuart Meloy, un anestesiólogo, encontró que los estimuladores que se aplicaban en la médula para controlar el dolor severo producían sensaciones que eran calificadas por los pacientes como los mejores orgasmos de su vida. Fue como encontrar el punto G en la columna. El tema es desde el punto de vista científico muy serio y aún queda mucho por descubrir. Ojalá no demoren tanto como en hallar el clítoris, que tuvo reconocimiento científico solo hasta el siglo XVI. Hasta luego. ]Con información de www.calle42.nireblog.com