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Primera vez . (El sexo de Sofía)

¿Quién no la recuerda? El miedo, la sensación de hacer algo “prohibido”, los nervios, y sobre todo (o todo lo anterior a causa de) la ignorancia. La primera vez que toqué el pene de un hombre, fue el del novio con el que llevaba más de un año y con el que, besitos van, besitos vienen, había nacido la curiosidad por el sexo.
Por supuesto en el colegio habíamos tenido las respectivas clases de orientación sexual con la foto de los órganos reproductores y su explicación: glande, escroto, próstata, vesículas seminales, conducto espermático, epidídimo, etc. Pero de poco o de nada sirven esas explicaciones sobre el funcionamiento reproductivo a la hora de un encuentro erótico. En aquella ocasión, esa primera vez, luego de besos y besos, mi novio por fin llevó mi mano hasta su entrepierna; yo abrí la cremallera de su pantalón y saqué su pene… Y ahora ¿qué? No tenía idea. Claro, yo sabía las generalidades: el pene entra en la vagina. Pero en aquella ocasión coito como tal no iba a haber porque ni el lugar ni las circunstancias lo permitían. Entonces ¿qué más se podía hacer? ¿Cómo se acariciaba uno de esos? Lo que nunca nos explicaron en el colegio era que el prepucio podía correrse de arriba hacia abajo y que tal roce proporciona gran placer a los hombres. Así que ahí estaba yo, con el pene de mi querido entre la mano y sin la más mínima idea de qué hacer. Supongo que él si sabía lo que esperaba que yo hiciera, pero, igual de inexperto que yo, no se atrevió a enseñarme. Lo que hice entonces fue apretarlo con fuerza, hasta que él, por más pena que le daba, tuvo que quejarse del dolor y lo solté. Historias como esas hay muchas. Un amigo me contaba que su primera vez, no fue tal en realidad. Luego de tomar el valor de ir a una residencia y de estar solos, su novia (también de mucho tiempo) y él, comenzaron a besarse y acariciarse, se fueron quitando la ropa poco a poco y luego él puso su pene entre las piernas de ella y se masturbaron mutuamente hasta venirse. En ese momento, ambos creían que habían hecho el amor y estaban felices. Por supuesto, hoy saben que se quedaron en el preámbulo. Y es que -ya lo había mencionado en otra anotación- uno sabe que por ahí es que entra… pero exactamente ¿por dónde? Otra amiga me decía que en charlas con sus compañeras, cuando el asunto se abordaba, las que ya sabían cómo era les decían a las demás: “el pene sabe por dónde es, que empuje y verá…” Un pene inteligente diríamos. Otra historia: un grupo de compañeras de colegio, de décimo grado, hablando sobre sexo. Una de ellas ya conocía sus bondades y le explicaba a las demás que cuando de sexo oral se trataba, a los hombres había que besarles cierta vena del pene (hacía el dibujito y todo), que era el punto clave de su placer. A medida que fueron creciendo y encontrándose cada una con el sexo, descubrieron que esa vena en particular era un atributo visible en el novio de la compañera, pero no una característica universal. Así que de nada les sirvieron las clases… A lo que voy con todo esto es que la educación sexual en esos términos (órganos reproductores, funciones, etc.) no resulta de gran utilidad cuando nos encontramos en la situación real de sentir el propio cuerpo y el de otr@. Lo que hay que aprender pasa por esas clases, pero l@s maestr@s se quedan cort@s si no vencen el temor de hablar de las sensaciones reales, de situaciones concretas, de lo que verdaderamente un@ se va a encontrar esa primera vez. ¿Recuerdan la suya? ¿Alguna historia para compartir? Sofía