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Una pastusa hace historia al ser elegida senadora estatal en EE. UU.

Patricia Torres acaba de lograr una meta inédita para un colombiano: alcanzar una curul estatal. La nariñense lleva 20 años de trabajo comunitario a favor de las minorías latinas. Fue electa por un condado de Minnesota. Por Élber Gutiérrez
La política estadounidense tiene por estos días mucho sabor colombiano. No sólo se incrementó el índice de participación de nacionales en las elecciones para Congreso del 6 de noviembre, sino que una nariñense accedió al Senado por el estado de Minnesota, gracias al respaldo de los latinos y estadounidenses del Partido Demócrata. La hazaña de la colombiana no fue gratuita. Durante 20 años de vida en Estados Unidos, Torres defendió los derechos de las minorías latinas de la ciudad de Minneapolis y 14 de ellos trabajó con el estado de Minnesota en administración y políticas públicas para la infancia. Hace cuatro años varios de los proyectos que ella defendió se quedaron sin fondos y Torres decidió que su lucha sería más eficaz si la encaraba desde un escenario político con poder. Su habilidad como oradora y la ventaja de haber liderado obras para la ciudad le ayudaron a conseguir la aceptación necesaria para figurar en los sondeos sobre preferencias electorales. La época de campaña se acercaba y ella seguía pregonando lo paradójico que era vivir “en el en el país más adinerado en el mundo” y al mismo tiempo encontrar niños que viven en la pobreza “sin que este gobierno haya sido capaz de hacer algo”. Entonces ocurrió un hecho que le despejó el camino a sus aspiraciones políticas. Wes Skoglund, el número uno en la carrera para la nominación al Senado, anunció que se retiraba de la competencia y la colombiana se inscribió para reemplazarlo. El sábado primero de abril se convirtió en la primera mujer hispana en recibir el endoso (aval) del DFL para luchar por una curul en el Senado de Minnesota. * Congreso demócrata no alterará las prioridades de EE. UU. en el hemisferio Lo hizo luego de tres rondas de votaciones en todas las cuales salió victoriosa. “He esperado este momento toda mi vida”, dijo a los periodistas locales en medio del llanto, los abrazos de su hermana y las felicitaciones de las más importantes personalidades del Estado, encabezadas por el alcalde de Minneapolis, R.T. Rybak, la senadora Becky Lourey, el representante Jim Davney y Matt Glaude, el gran derrotado de la noche. Tras el endoso del DFL, Torres debería ir a las elecciones primarias el 12 de septiembre. También las ganó. Con el 84 por ciento de los votos recibió la candidatura oficial del Partido Demócrata para un escaño en el Senado de Minnesota, por el Distrito 62. El rival a vencer sería Dan Mathias, un veterano dirigente político candidatizado por el Partido Republicano, a quien hace dos días se le esfumó el sueño de ser congresista por cuenta de una colombiana. La fórmula de éxito de Torres se basó en tres puntos: la agenda, los fondos y el apoyo familiar. El primer punto fue muy sencillo de manejar. Sólo tuvo que hacer lo mismo que los últimos 20 años. Mucho trabajo de calle, contacto con la gente y promoción de su plan para la protección de la niñez, la ayuda a los pobres y la reivindicación de los derechos de las minorías. La consecución de fondos fue más difícil pues tuvo que comenzar por explicarle a la gente que la ley estatal les permite a las personas naturales hacer aportes hasta por 100 dólares, los cuales son reembolsables en menos de dos semanas. “Si los votantes conocieran esta norma se darían cuenta que respaldar una campaña ni siquiera les significa un gasto económico”, les repetía a los periodistas que la abordaban para indagar sobre su campaña. También organizó brigadas de voluntarios que le colaboraron con dos horas de trabajo al mes haciendo visitas puerta a puerta o actualizando su página de Internet. El último punto de su estrategia fue a la vez el decisivo y el que más sacrificio implicó. Torres tuvo que dejar a su familia para concentrarse en la campaña. Por eso piensa que le debe mucho del triunfo a sus dos hijos y a su esposo Jack, el hombre por el que hace 20 años se fue de Colombia y quien se dedicó a las labores de la casa mientras ella emprendía su odisea política. Se conocieron en Pasto cuando Jack llegó a hacer un trabajo para su tesis de antropólogo de la Universidad de Minnesota y se hospedó en casa de los Torres. Ella había terminado ya su bachillerato en el colegio Sagrado Corazón y comenzó estudios de derecho. Al cabo de un año, Jack volvió a Estados Unidos y ella lo siguió, dejando en Colombia su familia y su fama de alumna destacada en el área de inglés. Desde entonces, viaja todas las navidades a Colombia para compartir con sus padres y para que su esposo e hijos practiquen el español. En su tierra natal, disfruta de las delicias gastronómicas que nunca aprendió a preparar y se divierte tanto con las novenas de aguinaldos y los carnavales de Pasto, que sus hijos piensan que la vida en Colombia es sólo una fiesta. Sabe que su elección como senadora le traerá cambios inesperados a su vida, pero se niega a romper con ese ritual sagrado del viaje anual a Colombia. Es allí donde piensa celebrar en grande la llegada al cargo, que según ella será su último peldaño en política, pues no se imagina algo más complejo que la última campaña. Tomado de la revista Semana.com