Imprimir

Discos muy tristes....

discos tristesUna de las emociones básicas de todo ser humano es la tristeza, ya sea por factores adversos en el amor, por el miedo a la muerte o tal vez por bajas expectativas que alguna vez llegamos a percibir en nuestras vidas. Sea cual sea el motivo del dolor, la música que lo acompaña funciona siempre como un desahogo efectivo, para algunos incluso más que un abrazo o que palabras compasivas. Basta con violines o una buena línea de bajo para identificar estos sentimientos. Desde baladas hasta música ranchera: compañeras auditivas en esa borrachera, cómplices de la autoflagelación, la banda sonora para recordarnos que alguien ya no está. Esto y más es lo que nos ofrece todo tipo de música melancólica. Pero ¿y qué pasa con el rock?

Referencial es el caso del blues, lamento surgido de los esclavos negros al sur de Estados Unidos y que terminaría influenciando a un sin fin de géneros, entre ellos, el rock and roll. También el rock gótico, la respuesta punk para letras oscuras tras el desencanto de los años setenta. Inclusive el primer emo-punk, el de finales de los ochenta, con sus crescendos que privilegiaban siempre la emoción.

Canciones bajo esta misma vena nebulosa se han grabado en todas las décadas y enumerarlas todas se antoja imposible (aunque entre todos podríamos hacer el esfuerzo). Más fácil me resulta enlistar una serie de discos, célebres por contener en su totalidad rolas de aflicción. Mis propuestas pues, son las siguientes...


Lady in Satin – Billie Holiday (1958)

Adicta a la heroína, involucrada en relaciones amorosas turbulentas, muere enferma, bajo arresto por posesión de drogas y quebrada financieramente tras sufrir un estafa. Pero antes alcanzó a grabar este último legado, con todo y sus cuerdas vocales casi destrozadas, su tragedia personal plasmada en música. Un mito del jazz, intensidad blues y una voz que influenció a divas como Nina Simone y Janis Joplin. Desgarradoras resultan, entre otras, Glad to be unhappy y I'm a fool to want you

 


 

The Songs of Leonard Cohen – Leonard Cohen (1968)

Proveniente de Canadá, se ganaba la vida como novelista antes de convertirse en un aguardientoso cantante y trasladar su poesía al folk. “Reinventó la melancolía sin ayuda de nadie”, sentenció el periodista Liam Pieper, en el libro 1001 discos que hay que escuchar antes de morir. Piezas como Teachers y So Long, Marianne “ofrecen un retrato tan conmovedor de un corazón roto o de la soledad, que el oyente siente el dolor de forma aguda”. El cover Suzanne fue su más famoso single:

 

 


 

Closer – Joy Division (1980)

La lápida que ilustra la portada fue una macabra coincidencia con el posterior suicido de Ian Curtis. Imposible no relacionar la depresión que sufría el epiléptico vocalista con las atmósferas fúnebres de ese post-punk ataviado de sintetizadores y fríos ecos, estilo que retomó décadas después Interpol. Las líricas derrotadas y sin esperanza son evidentes en The eternal y Decades. Pero más allá del morbo, cabe aclarar que este trabajo discográfico pesó por sí mismo gracias a su calidad.

 

 


 

Disintegration – The Cure (1989)

Aunque varios adeptos a la cultura dark prefieran el Pornography de 1982, me parece que este plato aterriza lo que por años intentó Robert Smith. En Pictures of you canta: “te recuerdo mientras caías en mis brazos, llorando por la muerte de tu corazón”. Esto es lo que llaman romanticismo gótico. Bellas y desconsoladas son también Prayers for rain, Untitled y por supuesto Fascination Street. Lánguidas líneas de bajo, melodías siniestras. Todo un clásico.

 

 


 

Automatic for the people – R.E.M. (1992)

Después del éxito comercial conseguido por Out of time, Michael Stipe y compañía arriesgaron con temas acústicos y arreglos de cuerdas, así como con letras cargadas de nostalgia. Básicamente es la impotencia por el tiempo que avanza implacable. Exitosas fueron Man on the moonEverybody hurts. Menos populares fueron Try Not to Breathe, en referencia a un hombre que aguarda la muerte, así como la tranquilizadora Sweetness follows. y la muy coreada

 

 


 

Dummy – Portishead (1994)

Aires trip-hop del que siempre renegaron, una apuesta de jazz moderno y letras más bien sombrías, son las que este trío de Bristol propuso en su debut, aclamado entonces por la crítica, desde la revista Q hasta Rolling Stone. La visceral voz femenina, cortesía de Beth Gibbons, así como los extraños sampleos de Geoff Barrow, edificaban una electrónica cruda, con paisajes sonoros que invitaban a la introspección. Glory Box y Sour Times, los sencillos lanzados.

 


 

OK Computer – Radiohead (1997)

La oda a la desilusión en el contexto del fin de siglo. La alineación del ser humano post-moderno, la falsa escapatoria hacia las drogas. Líricas que respiraban decepción, apenas soportables por el acompañamiento musical, llámese electrónica, rock progresivo o como le gusten etiquetar. Un punto y a parte en la historia de la música, con sollozos como Let down y Karma Police. El himno del caos es Paranoid Android, basado en el libro Guía del Autoestopista Galáctico