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El diablo se viste de rock

El diablo, Satanás, el Bajísimo, Lucifer, Luzbel, Belcebú, el Maligno, Leviatán o el demonio son algunos de los nombres que recibe una de las estrellas más grandes de la historia del rock. Bandas de la talla de AC/DC, Led Zeppelin, Black Sabbath y hasta los Rolling Stones han hecho mención de él, de su residencia: el infierno, o de sus simbologías en varios de sus discos, conciertos, entrevistas y fotografías. ¿Por qué no reconstruir la historia del personaje que el rock creó?

Del cielo, lugar que seguramente ninguno de nosotros los mortales conoce, Dios expulsó a un ángel llamado Luzbel, porque éste creía que podía llegar a ser tan o más grande que él. Delirio que, aparentemente, también sufrió John Lennon cuando aseguró que los Beatles eran “más grandes que Jesús”, aunque no sabemos si fue expulsado del cielo, pero sí podemos asegurar que muchas personas ligan su decadencia con la proclamación de esta humilde frase.

Tras el hilo conductor de esta historia, y para no devolvernos tanto, los creyentes se modernizan a la par de Satán, quien ya no se encuentra inmerso en la filosofía, en la ciencia o en la astronomía, sino que salta a la música, y lo hace de la mano del blues, uno de los antecesores del rock, donde retoma un nuevo público y se renueva. Nace una de las leyendas del blues que marcaría la historia del Bajísimo dentro del rock, la leyenda de Robert Johnson.

Johnson, compositor, guitarrista y cantante estadounidense, además de ser considerado “el abuelo del rock and roll”, es uno de los mejores guitarristas de blues de todos los tiempos, a pesar de que sólo le dejó al mundo 29 canciones. Dice su propia leyenda que su talento con la guitarra se debe a que le vendió su alma al diablo, en el cruce de la autopista 61 con la 49 en Clarksdale (Mississippi), a cambio de tocar blues mejor que nadie. La escena es de terror: Johnson esperando en el cruce de caminos a que el diablo en persona tome su alma y le devuelva la guitarra, a media noche, no es para cualquiera.

De esta vieja leyenda quedan vestigios de credibilidad inmersos en canciones como Si yo tuviera poder sobre el día del juicio final (1936) y El diablo del blues y yo (1937), además de fans y testigos, quienes aseguran que el guitarrista y cantante no podía quedarse en un solo sitio porque se sentía perseguido. También dicen que se presentaba a media luz para que no vieran sus ojos y sus manos poseídas al interpretar sus canciones. Pero aún más aterrador era el hecho de que no se despegaba de su vieja guitarra Gibson.

Por ahí comienza la cosa. El diablo, el éxito y el rock se tomaron de la mano, en principio, y tal vez, como una auténtica oposición a las posturas cristianas, católicas y tradicionales de los años sesenta, y gracias a la resurrección del ocultismo y a la libertad que profesaban los hippies, los géneros musicales se vieron libres para experimentar y ése fue el momento en que la bestia se volvió toda una estrella de rock.

Varias bandas poseídas por el demonio son el resultado de la nueva fórmula del éxito. Entre lo más popular del género está la banda británica The Rolling Stones, fundada en 1962, y sus dos clásicos: El requerimiento de sus satánicas majestades y la equivocada traducción de Simpatía por el diablo. La moda de nombrar canciones y álbumes con la emergente estrella de rock fue seguida por varias bandas.

A diferencia de lo que muchos piensan, el anticristo no es Marilyn Manson, ni Lady Gaga, sino los mensajes subliminales, también conocidos como mensajes al revés, los que los artistas o los productores o los agentes o las casas disqueras o cualquier demente o el diablo en persona ponían mensajes satánicos dentro de las canciones de eminentes artistas. En magnífico escándalo se vio envuelta la banda británica Led Zeppelin con su canción Escalera al cielo; uno de sus fragmentos puesto al revés dice “Brindemos por mi dulce Satán”. Su vocalista, Robert Plant, y su casa disquera negaron tan penoso escándalo en una entrevista.

Los nuevos hijos de Satán, los famosos subliminales, no dejaron muñeco con cabeza y se reprodujeron por todos los géneros del rock, y en general por el resto de la música, invadiendo las canciones con mensajes de amor a la bestia y de odio al mundo que dejaron a los padres conmocionados. Eventualmente culparon, culpan y culparán al rock por el mal que arrojó al mundo.

Pero sería el heavy metal el que elevaría la cuota satánica en el rock, dándole todo el estilo y el look que le faltaba, gracias a grandes exponentes del género como Black Sabbath, pionera en esta especie, y Kiss, con su supuestas sigla satánica: Caballeros al servicio de Satanás, en inglés.

Black Sabbath llegó a imponer un estilo oscuro y místico con tendencias negras. Su forma de vestir, sus cruces metálicas en el cuello y su actitud demostraron que en el rock la pinta, considerada por muchos como satánica, también cuenta. Kiss, por su parte, transmutó el escenario con sus rostros pintados de blanco y sus gestos lascivos, en especial la famosa lengua de Gene Simmons. Todo esto empezó a teñir al archienemigo de Dios con un estilo oscuro, macabro y seductor, tanto para sus simpatizantes como para sus opositores.

Entre los setenta y los ochenta Satanás estaba en la cima del mundo, tenía todo lo que necesitaba: adeptos, detractores, género musical, pinta, entre otros aditamentos que lo hacían irresistible; pero como toda estrella, aún podía ir más lejos y ser más oscuro. Con la intromisión del black metal de Bienvenidos al infierno, de la banda británica Venom, el rock estaba que ardía; la banda se dedicaba a cantarle al supremo y su foco era la maldad. Otras bandas como Bathory los seguían. ¿Qué más podía pedirle a la vida?

Pero como un trueno fue arrojado del cielo de la fama y empezó a descender. Producto de la vasta comercialización y popularidad que tenía encima, ni a la iglesia le interesaba. Marilyn Manson ya era su forma más estrambótica y comercial. El rock volvió a sus verdaderos dueños y las macabras historias de las temibles bandas empezaron a volverse reality shows familiares. De Satán ya no se dice mucho, algunos comentan que ahora vive del pop y que se cambió el nombre para evitar escándalos. (Fuente: www.elespectador.com)

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