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Lady Gaga quiere ser la reina

La nueva sensación de las discotecas se llama Lady Gaga, cantante y compositora que con solo un disco se apoderó de las listas. La excéntrica joven de 23 años se declaró bisexual y tal parece que goza de los escándalos. Hace un año una rubia desconocida bailó entre las candidatas de Miss Universo, pero pasó inadvertida salvo por su nombre: Lady Gaga. Nadie daba un peso por ella pero muy rápido su música invadió las discotecas de Europa y Estados Unidos. Hoy pocos dudan de que puede llegar a convertirse en reina del pop.

A sus escasos 23 años, Lady tiene más bien poco de dama. Es exhibicionista, imprudente y escandalosa. Hace poco declaró que era bisexual pero que su atracción por las mujeres era simplemente física. No teme admitir que consumió drogas y el último rumor al que se enfrentó se debió a un video en el que su minifalda dejó asomar que también, supuestamente, es hermafrodita. “No es algo de lo que me tenga que avergonzar, es sólo algo que no voy contando a todo el mundo”, ha dicho.

Ella no tiene problema en seguirles el juego a los especuladores. Al fin y al cabo es fiel a su filosofía de vida: ser ella misma y llamar la atención para liberar a la artista que lleva dentro.

El seudónimo lo tomó prestado del “Gaga” de la canción Radio Gaga, del grupo Queen, y por uno de los significados de la palabra (loco), que le queda a la medida. Su verdadero nombre es Stefani Joanne Angelina Germanotta, herencia de padres italo-americanos de Nueva York. Pero el nombre es sólo una anécdota.

A los cuatro años, en clases de piano, se dio cuenta de que aprendía más rápido si seguía su oído. Con la adolescencia llegaron sus primeras composiciones y presentaciones en espectáculos nocturnos, donde también bailaba. A los 17 fue admitida en la Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva York, donde estudió música y desarrolló su habilidad para componer.

El resto fue experiencia de la calle. Lady Gaga se metió en la noche neoyorquina con su música y sus atuendos estrafalarios que ella misma cosía, inspirados en íconos musicales como Madonna y David Bowie. Sus influencias venían, sin embargo, de su infancia, pues en el tocadiscos de su casa su papá ponía a girar álbumes de Pink Floyd, Led Zeppelin, The Beatles, Billie Joel y Elton John.

“Siempre amé el rock, el pop y el teatro. Cuando descubrí a Queen y David Bowie, me di cuenta de que podía hacer esas tres cosas”, ha dicho. En todas sus presentaciones ha sorprendido por su ropa, diseñada por ella misma y que le cubre también un ojo, el párpado o parte de la cara con máscaras extrañas. Así, luce espejos recortados, lentejuelas, plásticos y cualquier material excéntrico que desde los 15 años ha usado y que despertó las burlas en el colegio católico donde estudió, pero que ahora es secundado por millones de fanáticos gays que adoran su estilo.

“Esto no es únicamente acerca de la música, es acerca de la actuación, la actitud y la apariencia. Es todo”, dice. Por eso, también es hoy un ícono de la moda y devota de marcas como Versace, Valentino y Dolce & Gabana, pero adicta también a las prendas que encuentra en los sex shops. “Cuando escribo una canción estoy pensando en lo que usaré cuando esté en el escenario”. De ahí que sea vista como un proyecto artístico más allá de la música y como la vecina desquiciada del Lower East Side de Manhattan.

Sin duda, mucha actividad e información para llevar un año en la cúspide, con canciones números uno como Poker face y Just dance, una nominación a los premios Grammy y el hecho más reciente: nueve nominaciones –el mismo número que Beyoncé– en los MTV Music Awards que se realizarán este 13 de septiembre. Lady Gaga arrasa en medio de las críticas de otras cantantes y de los medios que descalifican su voz y su falta de originalidad, y que la ven como un producto de corta duración. Lo mismo dijeron de Madonna.

(fuente www.Cromos.com.co)

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