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Oscuras mascotas de las bandas de rock

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A veces más famosos que los mismos músicos, estos personajes ficticios funcionan como símbolos o simples identificadores de las bandas. Y llegan a ser tan importantes, que el público ya no puede separarlos de la imagen completa que percibe del grupo.

Ahí está Eddie, la mascota de Iron Maiden, creación de Dave Beasly, uno de los ingenieros de la banda. Inspirado en los espectáculos que brindaban estrellas como Kiss, se le ocurre montar una cabeza de monstruo justo arriba de la batería, con un mecanismo que arrojaba chorros de falsa sangre por la boca.

La historia para semejante engendro se narró así: “una mujer dio a luz a una cabeza, aunque con la promesa del médico de que con los años le crecería un cuerpo. Cada cumpleaños su padre le prometía un regalo sorpresa, a lo que Eddie sólo alcanzaba a rezongar: ¡Otro maldito sombrero no!”. A final de cuentas, Eddie consiguió su cuerpo, aunque gracias a los trazos del diseñador Derek Riggs, quien se basó en la fotografía de un cadáver en el contexto de la guerra de Vietnam. La criatura apareció en su versión final en el disco homónimo de la Doncella de Hierro, allá por 1980.

Sin embargo, la censura persiguió a la tétrica mascota, tal como sucedió con la tapa del EP Sanctuary donde Eddie acuchillaba a Margaret Thatcher, primera ministra de Inglaterra. Como “venganza” posterior, en la portada de Women in Uniform aparecía la temible mandataria con una metralleta, esperando en una esquina el paso de Eddie. Pero tampoco causó gracia, por lo que Iron Maiden fue acusado de sexista, esta vez por grupos feministas.

Con todo, un muñeco Eddie se hizo presente en todos los conciertos, incluso con medidas que superaban los cuatro metros como parte del escenario. En las fundas de los discos lo apreciamos ya sea con camisa de fuerza, como momia o hasta como aviador. En 1986 aparece tipo Terminator para Somewhere in Time. Y cuando se lanzó Fear of the Dark el monstruo quedó atrapado en un árbol, a propuesta de Melvyn Grant.   

Pero el transcurrir del tiempo, aunado al desarrollo de la tecnología, terminarían por afectar el semblante de Eddie. Tal es el caso de The X-Factor donde Hugh Syme lo imagina torturado, sin piernas y con el cráneo destapado, detallado en esta ocasión por computadora. De las más recientes, en Dance of Death emerge en medio de una erótica fiesta de máscaras, mientras que en Death on the Road conduce una carroza fúnebre empujada por oscuros caballos.

Ahora bien ¿qué otra mascotas similares existen? Al asomarnos de nueva cuenta al brioso mundo del heavy metal encontramos el caso de Vic Rattlehead, el esqueleto cubierto por piezas de metal en ojos, boca y oídos. El bosquejo responde a la enigmática frase de Megadeth en la que se lee: “See no evil, hear no evil, speak no evil”.

Este demonio también presume de un origen, tal como cuenta Skull Beneath the Skin incluida en el álbum Killing is My Business... and Business is Good! de 1985. Más o menos trasladado al español, a la letra dice: “preparen el cabello del paciente para raparlo; el metal tapará sus orejas para que no escuche lo que decimos; sólido visor de acero sobre sus ojos; con grapas de hierro que cierran su mandíbula para que nadie escuche sus gritos”. Bonita anécdota ¿no?.

Tanto este huesudo ser como sus logotipos, brotaron de la pluma del ex Metallica y fundador de Megadeth, Dave Mustaine, quien finalmente cedió el diseño para las portadas, primero a Edward J. Repka (Peace Sells... y Rust in Peace) y luego a artistas diversos, como David Jude, Hugh Syme (que ya mencionamos en las líneas dedicadas a Eddie) así como Michael Mueller.

Por cierto que para 2006, los intérpretes de Wake Up Dead convocaron a jóvenes dibujantes para reinventar el aspecto de Vic. El ganador fue Michal Loranc, al vestirlo con gabardina y una especie de casco de robot. Otros concursantes también plantearon prendas de tipo futurista.

Y es que parece que cuando las líricas y la música se caracterizan precisamente por su oscuridad, los bocetos que adornan posters, discos y demás parafernalia tienden a utilizar efigies que capturan ese tipo de ambientes lúgubres. Y si no, pregúntenle a Lacrimosa, con su melancólico arlequín que adorna su logotipo y portadas.

Concebidos por Stelio Diamantopoulos, los esbozos característicos de esta banda gótica resultan casi siempre desoladores y desesperanzados. Basta recordar al arlequín abandonado en el teatro de Stille, así como al arlequín que carga en brazos a su mujer en los solitarios pasillos de Elodia.

   

Por cierto que junto al arlequín, otros personajes también han protagonizado el desconsolado mundo de Lacrimosa, tal como precisamente Elodia (una diosa griega, el gran amor del arlequín) así como Lichtgestalt (una mutación del arlequín o como me revela una amiga dark: la cruza de un ángel y un humano).

Desmiéntame si no, pero tengo entendido que este mimo inexpresivo (a veces acompañado de un violín) fue inspirado en Charles Chaplin, debido a la admiración que el compositor y vocalista Tilo Wolff tenía de ese afamado cómico. A saber.

De cualquier manera, todas estos entes ficticios han encontrado un lugar especial en el inconsciente colectivo, y más aún en los fans que persiguen fervientemente a sus bandas favoritas de rock and roll.