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Reykon: de cotero a estrella del 'reggaetón'

En Nueva York, el cantante habló de cómo la música le cambió la vida. En la madrugada, en el corazón de Nueva York y disfrutando de la espectacular vista del Times Square, en plena primavera, hicimos esta entrevista. Como cientos de turistas maravillados con el entorno, hablamos de la ciudad que nunca duerme y con la que muchas noches soñó Reykon.

“Tenía la ilusión de venir a Estados Unidos, y para un colombiano de pocos recursos es difícil tener una visa. Quería cumplir mi sueño americano así fuera lavando baños, pero Dios me regaló la oportunidad de llegar acá convertido en un artista. Hace dos años, cuando me dieron la visa, viajé por primera vez. A 48 horas de tenerla empaqué maletas y volé a Miami y luego a Puerto Rico, tierra de mi género y de grandes cantantes. Siempre le había dicho al Dj de J Balvin que cuando viniera aquí le daría un beso al suelo… No lo cumplí, pero fue una experiencia muy chévere. Aquí se concentran muchas culturas y es maravilloso venir; pero les digo a quienes no tienen la oportunidad que no se pueden frustrar por eso”.

Parecía un destino distante del barrio el Guaímaro, de Envigado, donde vivía. Los recursos del paisa apenas sí alcanzaban para lo necesario. En un hogar de dos adultos y dos niños trabajaban tres y la única que estaba exenta era la menor por ser muy pequeña. Él apenas tenía 11 pero asumía labores de adultos. “Tuve una vida de escasez. No fui el niño más pobre ni el más rico, aunque sí nos tocó un poco duro en mi casa. Tuve la oportunidad de trabajar desde muy joven, y lo llamo así y no como una obligación porque tener un empleo es una bendición. Contar con tus manos, tus pies y tu cabeza para poder producir para tu casa me parece una oportunidad muy bonita. La edad a la que comencé habla de mi condición económica y no necesito decir más. Creo que a esa edad los niños deberían estar estudiando y no en un empleo. Fui al colegio, me gradué de bachiller pero hacía las dos cosas al tiempo”

La lista de cargos que desempeñó es larga y variada. Fue cerrajero, barbero, conductor, trabajó en construcción, en ventas y fue hasta cotero de la Central Mayorista de Medellín. “Estudiaba hasta mediodía y trabajaba de dos de la tarde a ocho de la noche. Cuando terminé el colegio empecé en la cerrajería; fueron días muy duros. Llegaba con las manos cortadas y con muchas ampollas. Recuerdo que yo no estaba triste pero sí veía las caras de mis padres. Mi mamá se ponía muy mal cuando llegaba así o cuando me veía agotado de cargar bultos todo el día. Ellos notaban ese cansancio, y estoy seguro de que se sentían así porque no querían eso para mí. Sin embargo esta es la historia de miles de colombianos a quienes admiro, y creo que esto debe llenarnos de orgullo y convertirnos en buenas personas. Tuve muchas oportunidades de coger un camino malo pero Dios y esos rostros me llevaron por el lado del bien. Espero que los jóvenes de hoy en día vean en mí un espejo y sepan que el haber crecido en un lugar donde hay mucha violencia no implica que uno sea igual. Eso no es así”.

Una de las labores que no mencionó fue el ser padre cuando apenas era un niño. A los 7 años, Reykon, o en ese entonces Andrés Felipe Robledo Londoño, también hacía las veces de papá y mamá cuando cuidaba a su hermanita de 3. Su padre era conductor, y si no manejaba un camión vivía a las carreras al volante de un taxi. Mientras tanto su madre se esmeraba por cuidar la imagen de quienes la buscaban para que les cortara el pelo o les arreglara las uñas. “Con mi hermana me llevo cuatro años y es mi parcera. Me dice papá, y pese a que ambos admiramos al hombre que toda la vida trabajó duro por nosotros, ella vio en mí al consejero, al amigo, y recuerdo la infancia porque estuve con ella. Ahora está estudiando y se le dio una mejor oportunidad gracias a que despegué en la música. ¡Es una de las mujeres que más cuido en esta vida!”.

Tiene el acento de su tierra marcado y entre tantas lenguas que se oyen en este epicentro, la suya capta nuestra atención. Dice que es un joven “de barrio”, procedente de un lugar que a sus ojos “se ha vuelto famoso por la organización delictiva que lleva este nombre. Allí lo he visto todo: armas, drogas y violencia, pero cuando creces en lugares como estos te das cuenta de que no todo el mundo es malo; la mayoría de personas son buenas y las mujeres que trabajan tan duro por sus hijos quieren que sean seres de bien. Allí hay mucha calidez humana, y quiero que mi tierra no solo sea un referente de cosas malas sino de luchadores como yo. El día que se me quiten las ganas de ir allá, fue porque perdí mi esencia”.

Tiene claro quién es, de dónde viene y para dónde va. Igual que sus seguidores que en medio de la multitud lo encontraron y aprovecharon para pedirle una foto, a lo que no se negó porque vislumbra su norte. Llevábamos horas sin dormir; venía de un concierto, de un vuelo largo y de una intensa producción fotográfica; y aunque su sueño frustrado es no haber sido futbolista, se anotó un golazo en la música y reemplazó una hinchada por una gran fanaticada. “En mi barrio siempre tuvo acogida el movimiento urbano y estando en décimo conocí a Daniel. Era apasionado por la música y me propuso cantar y hacer rap. Conformamos un dúo, hicimos pistas, pero fue muy duro. Me considero afortunado al poder contar esta historia en la que tuve una oportunidad y miles hoy corean mis canciones. Cuando salió el reguetón, me di cuenta de la gran acogida. Muchos me han tildado de vendido porque dejé el rap, que tiene poco público, pero me atrevo a decir que soy más real que cualquiera de los que hacen ese género, porque la realidad es que mi familia puede comer de mi trabajo y lo hago honestamente. Con el cambio no le hice daño a nadie. Aunque el reguetón es comercial, pasaron cuatro años y ninguna canción gustaba. La llevaba a todo lado y no pasaba nada, así que alterno a esto seguía con mis trabajos; el último fue como barbero. Hasta hace 3 años que comenzó el ascenso de mi carrera, renuncié a la barbería y empecé a vivir de esto”.

Mientras tocaba puertas le llegó la hora de ser enfermero. Sin tener idea de medicina, pero aferrado a Dios, logró ser el mejor e increíblemente, al mismo tiempo, pudo convertirse en el cantante que quería. “Hace cinco años, el día del padre, mi mamá sufrió un accidente muy grave y casi pierde las piernas. Estuvo cinco meses en cuidados intensivos y no había quien la cuidara. Mi papá estaba pendiente del taxi y yo era el único que tenía un oficio independiente, entonces la cuidé todo el tiempo. En ese momento pensé que no podía seguir con la música porque no teníamos la entrada económica de la peluquería, pero cuando terminó todo ese proceso con ella, ‘Chesto’, mi productor con el que sigo y es mi Dj, me propuso hacer una canción. Le expliqué que ya no quería, y me convenció diciéndome que sería la última. Sacamos La santa y se pegó. La subimos a Internet y a la gente le encantó. Nadie nos guió por eso; sé que fue Dios quien puso esa gracia en esa canción y en lo que se vino. De ahí para acá cambiaron nuestras vidas, comenzamos a vender conciertos y la gente pedía nuestra música.

“Mi mamá siempre fue muy creyente, y aunque nunca había utilizado mucho las bases cristianas que nos había dado, cuando pasó esto y sentimos que se iba a morir le entregué mil cosas a Dios. No me gusta hablar mucho de la calle y todo lo que uno vive, pero cuando nos enfrentamos a esta situación le agradecí mucho por los años que me la había dado y le dije que iba a dejar ciertas cosas malas que uno hace por la misma inmadurez y que no debe, y que además sabía que al Señor no le agradaban. Él me la devolvió enterita y fortalecí esta relación porque, como si fuera poco, me apoyó en este sueño y me dio una gran oportunidad”.

Con la misma persistencia que se convirtió en un líder del género urbano recorrió la capital del mundo. A pie y a pleno rayo del sol, Reykon fue modelo, asistente de producción y turista, pues posó en lugares que desconocía, como el extenso Puente de Brooklyn y el emblemático Radio City Music Hall, donde quiere presentarse algún día, y, ¿por qué no?, si poco a poco ha visto que sus deseos se han convertido en realidad. “Después de que nos dimos cuenta de que tenía muchas visitas en Internet llevamos la canción a las emisoras de Medellín y empezó a sonar duro. Después de eso hicimos un viaje a Bogotá en bus con quien hoy es mi mánager y es mi amigo del barrio desde niño. El pasaje costaba 25.000 pesos para cada uno y solo teníamos 40.000 en total; fuimos a la terminal y nos rebajaron, nos hospedamos por dos días donde alguien que conocíamos. Visitamos emisoras y nos regresamos. A los dos meses me llamaron de una radio para preguntarme si podía ir a un evento a cantar gratis pero me pagaban los tiquetes en avión y el hotel. Apenas dijeron avión sentí miedo porque nunca había montado en uno, y acepté. Pensé que así no me dieran un peso viajaba solo por saber cómo era eso. Siempre los veía pasar y me preguntaba cuándo sería el día. Es lindo recordar esto porque pienso que si eso era lo que quería, pues hay que seguir trabajando.

“Después de la experiencia de volar, que fue maravillosa, llegamos al aeropuerto de Bogotá y vi bombas y carteles afuera; me pregunté ¿quién llegaría? Recogí la maleta y cuando levanté la mirada me di cuenta de que en uno de los carteles estaba mi nombre. Me escondí detrás de un muro y le dije a Mauro que nos esperaban a nosotros; él salió, se asomó y me lo confirmó. Me daba temor salir porque no sabía qué decirles. Era un club de fans y no sabía cómo manejar eso. Ahí empezó mi carrera”.

Su vida fue un espejo en el que se reflejó Daddy Yankee, quien ahora es su padrino artístico y quien inesperadamente le propuso grabar. Juntos hicieron el exitoso tema titulado Señorita y dentro de poco sorprenderán al público con una nueva canción incluida en el disco El parcero, que Reykon lanza y que precisamente se produjo aquí, en Nueva York. “Para lograr la internacionalización vinimos a buscar a grandes profesionales de este campo y mezclamos con Musicologo & Menes, quienes trabajan con Yankee y Los Abuelos de la N.A.S.A. Ya se hizo la producción y las voces están grabadas.

Tengo tambiéncomo invitados al ecuatoriano Kannon y a Nicky Jam. Tenemos 15 temas y estamos evaluando cuáles irán”. Después del máximo exponente del reguetón, el paisa tiene en la mira a Shakira, un ejemplo a seguir y a quien considera la intérprete más grande del país.
Si lo consigue, la barranquillera entrará en la lista de mujeres que lo rodean, como su mamá, su hermana, su esposa y su hija (de 2 años y medio). Al altar llegó con la mujer que lo enamoró hace 12 años, quien lo vio cuando era invisible para todas las que hoy se sienten atraídas por Reykon, el cantante. “Mi vida cambió mucho desde que mi bebé llegó. Ser papá es lo más lindo. Mi niña le entregó lo mejor a Andrés (su verdadero nombre) y a Reykon. Uno madura y toma un camino diferente. Ella me ha llevado a pensar en mis letras, en lo que he escrito y hoy en día me pregunto qué le diré cuando me cuestione por mis canciones”.

Afirma que le encantan las mujeres, sin embargo se aterra cuando las groupies hacen locuras como, por ejemplo, pasarse por un balcón de un noveno piso a su habitación o tirarle 40 prendas interiores en un solo concierto. “¡Que riesgo! Esa fue una situación bien incómoda”.

Pero del gusto pasó a la fama de mujeriego y recientemente se contó que por coquetearle a una azafata lo bajaron de un avión. “Lo que ocurrió fue que uno de los de mi grupo silvó cuando ella pasó y el jefe de tripulación se vino y le habló muy duro. La gente comentó que había sido por coquetos. Sí me molesté y sí discutí porque no me gustó como trataron a quien trabaja conmigo, pero nunca le falté al respeto a una mujer. Me bajaron con policía y eso fue un problema. Me tocó amanecer en Lima y le llamé la atención a mi músico”.

También dicen que es peleón...
Es cierto. Fui peleón. Eso hace parte de la inmadurez, y ahora mismo sé que eso no habla bien de mí. Hay un nuevo Reykon, un nuevo Andrés. Estoy para dar un buen ejemplo y he cambiado. Cuando algo no me gusta me voy, oro y me tranquilizo.

También suspendió el licor...
Hace rato que no tomo porque tuve un incidente terrible. Antes de montarme a los escenarios siempre bebía algo para combatir los nervios. Una vez me pasé y cuando estaba cantando se me olvidó un pedacito de un tema. Llegué al hotel muy triste, porque a la gente le cuesta asistir a un show y merece respeto.
El primer pago que obtuvo por cantar fue de 800.000 pesos, una cifra exorbitante para quien nunca había tenido “tanto dinero en las manos”. Hoy la oferta por él se multiplicó enormemente, pero nunca olvida que “la esencia no se puede perder por culpa del dinero. En este cambio brusco pasé de andar sin zapatos a tener montones de tenis, pero aunque tenga mil, sé que solo tengo dos pies para usarlos”.

CRISTINA ESTUPIÑÁN CH. (Fuente: www.eltiempo.com)

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