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The Beatles: cincuenta a√Īos del sue√Īo

Cuando lanzaron su primer disco sencillo, ‚ÄúLove me do‚ÄĚ, el 5 de octubre de 1962, el mundo estaba en el punto justo para que se convirtieran en un fen√≥meno musical y comercial sin precedentes. Hac√≠a s√≥lo siete a√Īos atr√°s el Rock and Roll hab√≠a puesto en evidencia que exist√≠a un continente juvenil que yac√≠a inquieto bajo las r√≠gidas costumbres de los mayores. Los movimientos de caderas de Elvis Prestley y los gritos de Little Richard hab√≠an reconectado a la juventud con el poder de los instintos, y despertaron los cuerpos que hab√≠an sido acallados por siglos de moral puritana en Norteam√©rica.

Las guitarras eléctricas chispearon entonces por primera vez en los radios y televisores del mundo, para no callarse más.

Pero para 1962 buena parte de ese fenómeno se había enfriado. Elvis se había enlistado en el ejército, para luego ser domesticado por la industria del cine, y otros ídolos del rock murieron o fueron condenados al ostracismo por los sectores más conservadores de la sociedad estadounidense por ir más allá de lo permitido. Las canciones que dominaban las listas eran fórmulas repetitivas e insípidas. Y de repente, como si viniera de la nada, apareció un nuevo sonido que impactó los oídos y las consciencias del mundo, interpretado por un grupo llamado, improbable e inolvidablemente, The Beatles.

Lo primero fue una pegajosa melod√≠a de arm√≥nica cortada por un estribillo repetitivo y simple: ‚Äúlove, love me do, you know I love you‚ÄĚ. Despu√©s vinieron los ‚Äúyeah, yeah, yeah‚ÄĚ de canciones que trepidaban en la sensibilidad de los j√≥venes como un regimiento de caballer√≠a, y posteriormente los tonos dulzones y on√≠ricos que poblaron de colores las mentes de los que so√Īaban despertar. Ritmos excitantes, melod√≠as novedosas que mezclaban influencias de todos los or√≠genes y arreglos musicales complejos pero f√°ciles de digerir: los Beatles lo tuvieron todo musicalmente hablando. Poco a poco fueron mostrando sus cartas a lo largo de la d√©cada de 1960, hasta que la faz de la m√ļsica popular del siglo XX termin√≥ por ser alterada definitivamente por este grupo de j√≥venes que ni siquiera sab√≠an escribir m√ļsica en pentagramas.

Pero era imposible imaginar todo esto cuando, en 1962, los Beatles empezaron siendo solo un grupo juvenil con √©xito en las listas. Sin duda, este √©xito comercial se debi√≥ en gran medida a las acertadas estrategias de su manejador, Brian Epstein, un pulcro joven de familia jud√≠a due√Īo de una tienda de discos en Liverpool que tom√≥ la m√ļsica y el desparpajo de cuatro muchachos que apenas llegaban a los veinte a√Īos y los model√≥ hasta convertir al grupo en su propia fantas√≠a sexual y comercial, sabiendo que √©sta terminar√≠a por seducir al mundo entero. Hoy, cincuenta a√Īos despu√©s de que todo empezara, hay que reconocer que el legado de Epstein es casi tan influyente como el de los propios Beatles, pues su concepto de la boys band, con remarcados caracteres individuales, cuidadosamente empacados y masivamente presentados al p√ļblico ha seguido produciendo dinero por d√©cadas en la industria del entretenimiento, desde Menudo hasta Il Divo.

Pero los Beatles no fueron solo una mercanc√≠a prefabricada. La maestr√≠a compositiva de Lennon y McCartney logr√≥ crear canciones que expresaban perfectamente el sentimiento de j√ļbilo y alegr√≠a que invad√≠a a la juventud de un mundo que sal√≠a de la pesadilla de la Segunda Guerra Mundial, donde la econom√≠a florec√≠a sin mayores crisis y las comunicaciones y las tecnolog√≠as deslumbraban cada nuevo a√Īo con alguna novedad. La m√ļsica de los Beatles se convirti√≥ en la banda sonora perfecta de la era dorada del capitalismo del siglo XX, y tal vez all√≠ radique una de las razones de la fascinaci√≥n por ellos que pervive hasta el presente.

De manera concordante, su actitud irreverente y juguetona frente a la vida encarnó una revolución cultural en las relaciones interpersonales e intergeneracionales sin precedentes en el mundo moderno. La década de los sesenta fueron la era de cambios por excelencia: la poesía beat, la revolución socialista, la liberación sexual, todo parecía pasar al mismo tiempo, y los Beatles eran ese modelo de juventud inquieta y atrevida que todos querían ser para disfrutar todo lo que la vida parecía ofrecer.

Por eso, los Beatles se convirtieron en un √©xito sin precedentes ni consecuentes, un fen√≥meno de unas dimensiones para las que nadie estaba realmente preparado, ni siquiera los propios integrantes del grupo. Para ellos, lleg√≥ un punto en el que ya no se trataba de hacer m√ļsica y tocar para audiencias, sino que se hab√≠an convertido en una m√°quina de producir felicidad y dinero que no pod√≠a parar. Se volvieron la adicci√≥n del mundo entero, y las grandes compa√Ī√≠as detr√°s de su √©xito los vend√≠an caro y en mil presentaciones, desde Nueva York hasta Tokio. Mientras los j√≥venes del mundo bailaban y perd√≠an el tiempo, ellos trabajaban sin parar. Para 1965, Lennon ya cantaba ‚Äúmi independencia parece desvanecerse en la niebla‚ÄĚ y McCartney anhelaba un ‚Äúayer‚ÄĚ en el que todos los sus problemas parec√≠an tan lejanos. El sue√Īo se hab√≠a convertido en pesadilla.

John Lennon y George Harrison fueron los primeros en darse cuenta de la trampa del √©xito y lucharon por mantener su individualidad y su derecho a la rebeld√≠a en un medio que era a la vez terriblemente insaciable e infinitamente complaciente con ellos. Decidieron abandonar los conciertos y se despojaron de sus uniformes en 1966 para continuar sus experimentaciones en sus cabezas y al interior del estudio de grabaci√≥n. Pero si algo detestan los mercaderes del pop es que sus actos se conviertan en personas, y los Beatles tuvieron que pagar un costo alt√≠simo por defender su arte y sus intereses personales por encima del espect√°culo de cuatro pistas en el que se hab√≠an convertido. McCartney desafi√≥ la hipocres√≠a de la sociedad admitiendo que hab√≠a consumido drogas y hasta el d√≠a de hoy no deja de ser criticado por ello. Lennon fue crucificado por la prensa y finalmente por un fan√°tico estadounidense al insinuar que los Beatles eran m√°s populares que Jesucristo. Pero a pesar de todo ello, los Beatles mandaron a la industria de la m√ļsica a buscarse otros chimpanc√©s amaestrados para complacer a las masas, y √©sta, siempre adaptable, as√≠ lo hizo. The Monkeys, y docenas de bandas como ellos, aparecieron desde entonces para satisfacer el insaciable mercado del disco, mientras que los Beatles se volvieron artistas de grabaci√≥n. Si no hubieron hecho eso, tal vez no hoy no estar√≠amos hablando de ellos.

Ahora nos parece evidente que su talento se har√≠a visible en cualquier empresa que intentaran, pero cuando en 1967 los Beatles abandonaron los reflectores y se sumergieron en Abbey Road, la apuesta era sencillamente demasiado arriesgada y pocos cre√≠an que sobrevivir√≠an. Sin embargo, los Beatles hab√≠an ense√Īado a sus seguidores a esperar siempre algo nuevo, a atreverse a ir un poco m√°s all√° con cada nueva canci√≥n. Y cuando Revolver, Sgt. Pepper y todos sus siguientes √°lbumes aparecieron, fueron recibidos con admiraci√≥n y benepl√°cito por seguidores que ahora eran como ellos, que hab√≠an abandonado la adolescencia de helado de vainilla y pensaban en viajes a la luna y en la posibilidad de la destrucci√≥n global asegurada de la Guerra Fr√≠a. Ese fue uno de los m√°s grandes encantos de los Beatles: impulsar a sus seguidores a crecer con ellos, a ense√Īarles a so√Īar sin miedo sue√Īos nuevos cada vez.

As√≠ como en la primera parte de su carrera los Beatles hab√≠an sido la histeria de las masas an√≥nimas, en el per√≠odo que va de 1967 a 1970 su m√ļsica se convirti√≥ en la br√ļjula √≠ntima de los millones de j√≥venes que ahora deven√≠an individuos. Las causas pol√≠ticas de Lennon, la b√ļsqueda espiritual de Harrison, o la eterna alegr√≠a rocanrolera de McCartney o Ringo Starr se convirtieron en opciones de vida tan v√°lidas como cualquier profesi√≥n. Los Beatles hab√≠an ense√Īado a la juventud del mundo a cantar y bailar, y luego les hab√≠an mostrado el poder que radicaba en cada uno de ellos, los hab√≠an invitado a explorar las infinitas posibilidades que hab√≠a al interior de cada consciencia. Y como alguna vez dijo el escritor Derek Taylor: este viaje que emprendieron los Beatles junto a sus seguidores fue el romance m√°s grande del siglo XX.

La banda termin√≥ en 1970 porque as√≠ ten√≠a que pasar. Sencillamente no pod√≠a ser de otra manera. Para ser consecuentes con su propia filosof√≠a de crecimiento y formaci√≥n, los chicos de Liverpool ten√≠an que tomar caminos separados cuando el momento lo exigiera. El sue√Īo hab√≠a terminado y ahora empezaba la vida, la de ellos y la de todos los dem√°s.

Cincuenta a√Īos despu√©s de las primeras notas de ‚ÄúLove me do‚ÄĚ en la radio, todav√≠a vivimos en una sociedad modelada por el fen√≥meno de los Beatles. La industria del entretenimiento que ellos ayudaron a crear sigue siendo abrumadora y exasperante, y la comercializaci√≥n banal de la cultura es la regla cotidiana. Pero la historia de los Beatles como una banda que pas√≥ de los s√≥tanos de Liverpool a los escenarios del mundo y de vuelta a la verdad del coraz√≥n sigue siendo la par√°bola por excelencia de la juventud y de los sue√Īos renovados. Y como si eso fuera poco, sigue estando la m√ļsica que hicieron, por supuesto, siempre la m√ļsica. Por eso, siguen siendo historia: nuestra historia.

  • (Fuente: Nicol√°s Pernett | Elespectador.com)

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