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El 75% de las mujeres y el 13% de los hombres han simulado alguna vez un orgasmo. Te enseñamos a fingir y también a desenmascarar el falso placer. Lo decían en la facultad de periodismo: “Que un perro muerda a un hombre no es noticia. Sí lo es que un hombre muerda a un perro”. Del mismo modo, que las mujeres finjan orgasmos no es ninguna novedad y en las últimas décadas han sido decenas los artículos, películas, documentales o libros que, con mayor o menor seriedad, han tocado el tema.

Pero que sean los hombres los que simulen el clímax en la cama no sólo es noticia, sino que resulta sorprendente hasta para los propios varones que, en su mayoría, tienen problemas para todo lo contrario: retardar el orgasmo y su correspondiente eyaculación.

Ha tenido que llegar un urólogo y sexólogo colombiano, que atiende por Alonso Acuña, y hacer un seguimiento de cuatro años a 1.495 hombres de su país, de entre 40 y 70 años, para sacar la conclusión de que el 13% de los entrevistados había fingido orgasmos por distintos motivos. De ese 13%, el 70% reconoció fingir los orgasmos “algunas veces”, el 10’8% “con frecuencia” y el 19’1% “una vez”.

Esto no es nada, en comparación con el 75% de embusteras sexuales femeninas. Que los hombres finjan menos que las mujeres no se debe a que sean peores actores, sino a que su clímax es más “evidente” por ir acompañado de un puñado de disparos seminales, que la mujer puede ver o sentir en su interior. Por eso, el éxito del engaño depende de si el varón lleva condón, de que tenga eyaculaciones retrógradas (es decir, que a causa de algún trastorno genital eyacule hacia dentro) o de que le jure a su pareja que ha tomado clases de sexo tántrico.

Lo tuyo es puro teatro

Las razones que llevan a los hombres a fingir el orgasmo son múltiples.

Según el estudio de Acuña, publicado en la revista brasileña de salud sexual y reproductiva Arquivos H. Ellis, cuatro de cada diez “simuladores” sufren de inhibición eyaculatoria, cosa que les impide consumar el orgasmo a pesar de la fuerza de su erección. Al parecer, este es uno de los misterios sin resolver de la sexología moderna: “Tiene múltiples causas, como la edad, las alteraciones del sistema nervioso, el alcoholismo o el rechazo de la pareja. Pero aún no hemos dado con la solución. Lo que sí sabemos es que a partir de los 60 años el individuo comienza a disminuir la sensibilidad y por más que se esfuerce, en ocasiones no logra eyacular”, afirma Acuña. La ingestión de Viagra y otros fármacos para forzar la erección también entorpece la expulsión de fluidos seminales.

 

Un segundo grupo, que abarca un 20% de los que fingen, lo hacen para presumir de potencia sexual: dicen haber eyaculado cuando ella llega al orgasmo y luego van a por un segundo coito, o bien fingen el segundo orgasmo porque no son capaces de alcanzarlo.

Un 11% fingen por miedo a eyacular y provocar un embarazo no deseado.

También hay hombres que fingen el orgasmo para "cumplir con la parienta" y ahorrar energía seminal para su amante o para masturbarse viendo porno. Otros, por el contrario, confesaron fingir con la amante para guardar el semen para su mujer y que no sospechara su infidelidad.

Caretas de mujer

El estudio de Acuña también revela que la inmensa mayoría de las mujeres engañadas no se dieron cuenta del embuste (o, al menos, fingieron no hacerlo). Pero, por otro lado, la inmensa mayoría de las mujeres no se enfadan cuando descubren el engaño, tal vez porque ellas lo hacen mucho más.

Según el mismo estudio realizado por el doctor Acuña, hasta un 75% de las mujeres finge sus orgasmos alguna vez. De este porcentaje, un 80% lo simula “ocasionalmente” y el 20% restante “frecuentemente”.

La mayoría de las mujeres finge para dejar al hombre satisfecho y no herirlo en su amor propio, o por miedo a confesar lo que las excita de verdad. Para ellas, no es tan dramático no llegar al clímax, puesto que tienen una percepción más global y menos genital del sexo y disfrutan mucho a lo largo del coito, con el simple hecho de dar placer y recibir caricias. Sin embargo, una ausencia prolongada de orgasmos puede llegar a generar frustraciones.