Hermafroditismo: dos sexos en uno - Pasto - PastoRumba.com
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 En una época en la que los gays, las lesbianas y hasta los transexuales han sido aceptados por la sociedad, los hermafroditas siguen siendo un embarazoso problema burocrático en un mundo cuyas hojas de censo sólo tienen dos casillas en el apartado de “sexo”: “varón” o “hembra”.

La única excepción es Australia, cuya Oficina Nacional de Estadística reconoce desde 2006 el derecho de las personas del “tercer sexo” a ser registradas como “intersexuales” o “andróginas”. Esta victoria fue lograda gracias a la presión de Chris Sommers, portavoz de la Asociación Internacional de Intersexuales.

El término “hermafrodita” procede de la mitología griega, que cuenta cómo de la unión de Hermes y Afrodita nació un extraño ser que tenía cuerpo femenino y genitales masculinos.

Tipos de hermafroditismo

Aunque en otras especies animales el hermafroditismo es la regla, en la Humanidad es la excepción: una anomalía genética del embrión o de la madre que da lugar a híbridos entre hombre y mujer y que, según la bióloga molecular Anne Fausto-Sterling, de la Universidad de Brown, padece un 1'7% de la población muncial. Algunas veces, estas características se aprecian de nacimiento, pero en otras se manifiestan en la pubertad, lo cual es aún más traumático.

Dentro del hermafroditismo, hay varios grados, pero los más habituales son los siguientes:

Pseudohermafroditistmo masculino: cuerpo de hombre con testículos y órganos sexuales femeninos.

Pseudohermafroditismo femenino: cuerpo de mujer con ovarios y órganos sexuales masculinos.

Hermafroditismo total: poseen tejido gonadal de ambos sexos, que se manifiestan en un pene y un clítoris atrofiados.

Problemas de identidad

La mezcla de dos órganos sexuales suele provocar trastornos psicológicos en el individuo, sobre todo baja autoestima, depresión y confusión a la hora de mantener relaciones sexuales, por eso al principio la solución que se adoptaba pasaba por el quirófano: una operación en la que los padres elegían el sexo de su hijo pero que, a la larga, no solucionaba los problemas mentales, ya que, según los especialistas, la opción sexual tiene más que ver con la percepción psicológica interna que con los atributos físicos.

Por eso, las asociaciones de hermafroditas, con la Intersex Society of North America a la cabeza, tienen su principal caballo de batalla en el reconocimiento de la identidad intersexual como algo tan válido y respetable como las puramente masculinas o femeninas. Películas como la argentina XXY, de Lucía Puenzo o la española Mi querida señorita de Jaime de Armiñán y novelas como Middlesex, del premio Pulitzer Jeffrey Eugenides, han aportado su granito de arena a la hora de ofrecer modelos de personajes con los que un hermafrodita se puede identificar para no caer en la automarginación.

Intersexuales célebres

Aunque suelen esconderse entre las sombras, existen varios casos de hermafroditas que, de una u otra forma, salieron a la luz.

Es el caso de Sor Fernanda Fernández, una monja española que, al darse cuenta de que, cada vez que estornudaba, emergía de su vagina un órgano fálico de tres centímetros de longitud, pidió a su confesor ayuda para ser reconocida como hombre. El arzobispo, al final le dio la razón y Sor Fernanda se transformó en el padre Fernando.

Algo parecido le ocurrió a la escritora francesa Herculine Barbin, cuyo confesor pidió un examen médico, tras el cual se estimó que la vagina de Herculine albergaba un micropene (¿o era un clítoris gigante?) y unos pequeños testículos. Después de eso, se cambió el nombre por el de Abel Barbin. Aún así, cayó en una depresión y se acabó suicidando.

En la actualidad, si no contamos a activistas como Cheryl Chase o Chris Sommers, no son muchos los famosos que salen del armario intersexual. Eso sí, abundan los rumores, pero, por el momento, no se ha confirmado si los constantes rumores que aseguran que Anne Igartiburu, Jaime Lee Curtis o Nicole Kidman son hermafroditas tienen base real o pertenecen al resbaladizo terreno de la leyenda urbana.