Historia del condón, un artículo que lleva 12 mil años junto al ser humano - Pasto - PastoRumba.com
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Image Hace unos días, un bibliotecario que participaba en el proceso de revisión de la Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca (España) se llevó una de las mayores sorpresas de su vida. Mientras revisaba un manual de medicina del siglo XVI, encontró que entre sus páginas había una hoja de periódico de 1857, doblada en varios pliegues. Al desplegarla aparecieron dos preservativos, que alguien (un alumno, quizá) debió dejar olvidados hace 150 años.
Por supuesto, uno de ellos ya ocupa una de las vitrinas de la Biblioteca Histórica de este centro académico, junto con otros objetos curiosos encontrados de la misma forma.

El condón está elaborado con tripa de cerdo y tiene una cinta azul en uno de los extremos, que servía para ajustarlo al pene.

Si bien esto demuestra que el preservativo no es, ni mucho menos, un invento moderno, no son lejanos los tiempos en que para comprar un condón había que hacerlo con máscara o esperar que no hubiera testigos. La sola palabra estaba proscrita por soez.

Aunque la imagen más antigua que se conoce de él está pintada en una cueva en Francia, a la que se le atribuye una antigüedad de entre 12.000 y 15.000 años, el preservativo solo fue protagonista de conversaciones decentes -incluso con participación de damas y niños- desde mediados de los 80, con el temor del sida.

También es sabido que la Iglesia moderna lo ha aceptado, no sin reservas, a pesar de que en la antigüedad los dioses se ocuparon de él: se dice que en el año 1200 a.C. el rey Minos usaba pulmones de pescado y la vejiga de las cabras para detener el semen.

Su necesidad siempre fue satisfecha de acuerdo con las posibilidades de cada época. En Egipto, desde el año 1000 a.C., se recurría a fundas de tela; los soldados romanos echaban mano de tripas de cordero, y los chinos empleaban papel de arroz mojado en aceite, todo con el mismo fin de hoy: protegerse de las infecciones y prevenir embarazos.

Su uso en campañas de salud pública también tiene sus años, y se sabe que el anatomista y cirujano italiano Gabriel Falopio (1523-1562) recomendó utilizar una funda de tripa de animal y lino fino, bañada en una infusión de hierbas astringentes, para prevenir los azotes de la gonorrea y la sífilis, que inundaron a Europa en el siglo XVI.

Un conde inspiró su nombre

Lo que pocos saben es que la palabra condón, por mucho tiempo condenada a deambular por el bajo mundo, se deriva del conde de Condom, médico personal del rey Carlos II de Inglaterra, que perfeccionó el preservativo de Falopio utilizando intestino de cordero estirado, lubricado con aceite.

Su importancia y demanda sedujo a la industria y, en 1843, Goodyear y Hancock aplicaron la vulcanización del caucho y produjeron condones con mayor resistencia y mejor sensibilidad.

En 1919, Fredick Killian comenzó a producir condones de látex, que reemplazaron los de caucho. El nuevo preservativo tenía varias ventajas, entre ellas ser más delgado y resistente. Las innovaciones no han parado desde entonces, al punto que hoy se piden por colores, tamaños formas e incluso sabores. Ahora, en muchos espacios, cargar un condón no solo es sano, también es considerado sexy.

Estudios demuestran que sí son efectivos

Distintos estudios han demostrado que los condones reducen el riesgo de padecer males de transmisión sexual.

Entre ellos se incluyen la gonorrea, sífilis, clamidia, chancroide, tricomoniasis, virus del papiloma humano (que causa cáncer de cuello uterino), herpes y enfermedad pélvica inflamatoria.

Los condones también pueden proteger contra la vaginitis causada por tricomoniasis o por los desequilibrios del pH de la vagina que pueden ser provocados por el semen.

El riesgo de contagio de infecciones de transmisión sexual es menor durante el sexo oral que durante las relaciones sexuales vaginales o anales. Las personas que desean reducir en mayor medida el riesgo de contagio pueden usar condones durante el sexo oral.

Si bien los métodos hormonales, intrauterinos y quirúrgicos para el control de la natalidad ofrecen mayor protección contra el embarazo que los condones, pero no protegen contra las infecciones de transmisión sexual.

Muchas personas utilizan condones de látex junto con otro método para lograr la mejor protección tanto contra el embarazo como contra las infecciones de transmisión sexual.

Siga estas seis al usarlo
  • Utilizarlos en todas las relaciones sexuales (tanto anales como orales o vaginales).
  • Nunca se le ocurra utilizarlos más de una vez.
  • Fijarse en que cumplen con las normas de seguridad y fecha de vencimiento (los condones también caducan).
  • No abrirlos utilizando tijeras, uñas o dientes.
  • No usarlos si han estado guardados por periodos prolongados en espacios cerrados como el bolsillo, la billetera o la guantera del carro.
  • Conservarlos lejos de fuentes de luz y calor.

Cuatro mitos sin sentido

  • Los condones se rompen mucho

Realidad: Menos del 2 por ciento de ellos se rompe cuando se utiliza correctamente. Es clave no usar aceite ni vaselina con los condones de látex.

  • El VIH puede atravesar los condones

Realidad: Este virus no puede atravesar preservativos hechos con látex o poliuretano.

  • Darles condones a las personas, o hablarles de ellos, induce a la promiscuidad

Realidad: Un análisis hecho por la Organización Mundial de la Salud de 19 estudios sobre el tema concluyó que no hay evidencia de que los programas de educación sexual influyan en el inicio más temprano de la vida sexual o que incrementen la frecuencia de encuentros sexuales entre los adolescentes.

  • Ponerse doble condón protege más

Realidad: Esta afirmación no es cierta. Con un solo preservativo basta, siempre y cuando se use de manera adecuada.