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La primera vez en el sexo

Cómo fue, qué ocurrió, con quién... y la pregunta clave: ¿Cómo recuerdas tu primera vez? Con gran probabilidad, el relato ha formado parte de más de una conversación con tus parejas en la edad adulta. Difícilmente se olvida esa primera vez, aunque las encuestas dicen que las mujeres la olvidan menos que los hombres. Ese primer sexo conforma un diario erótico que sirve como andamio de la sexualidad adulta.

Alguna de las claves: por regla general, el primer encuentro sexual mejora la autoestima de los hombres y disminuye la de las mujeres. Y el imaginario masculino y femenino, si en algún momento difieren más, es precisamente a la edad de los primeros encuentros sexuales. Ellas, aún hoy, siguen imaginando el beso romántico, aunque sea de un vampiro, mientras que el imaginario de ellos desvincula sexo y romanticismo. Y esto, lejos de ser cultural, es el resultado de un cóctel hormonal con distintos ingredientes en ese momento inolvidable de la adolescencia, cuando se producen la mayor parte de los primeros encuentros sexuales.
Nuestra vida sexual actual, placentera o llena de desatinos, guarda mucho de aquella primera vez.

De aquellos polvos…

Hay hombres que arrastran aún en su vida adulta disfunciones eréctiles que afloraron a causa de un mal inicio. Unas veces por la carga tan alta de ansiedad que genera ese intenso deseo que Paul Auster identifica como el motivo que le empujó al burdel. Otras, porque la necesidad de reafirmar su capacidad sexual o de exhibir masculinidad le incapacita.

De todos modos, la eyaculación precoz es el trastorno más común que, según Ana Puigvert, presidenta de la Asociación de Andrología, Medicina Sexual y Reproductiva, persiste de esos estrenos en los que el sexo se vive como una estampida por el miedo a ser descubierto, el afán de llegar hasta el final y la expectación que genera la pérdida de la virginidad.

A veces, ni siquiera la memoria tiene tiempo de atrapar el instante. Marilyn Manson no recuerda de su primera vez más que remató un partido de béisbol con una de sus animadoras. En poco más de 35 segundos y con las venas rebosantes de alcohol, el artista no puede dar más detalle.

“La falta de ternura o un primer coito deslucido y frustrante es muchas veces el preludio de una futura vida sexual anodina y descuidada, con ausencia de orgasmos, y presencia de coitos dolorosos y apatía sexual”, indica el doctor Santiago Palacios.

Las huellas de nuestros primeros encuentros quedan grabadas de tal manera que al tratar de descubrir y analizar las actitudes sexuales de los jóvenes, las investigaciones encuentran de paso las claves de la sexualidad adulta.

Y a veces los resultados son demoledores, como los primeros datos que arroja un estudio piloto iniciado en Galicia por la asociación que preside la doctora Ana Puigvert con personas de 13 a 22 años de todas las comunidades: “Los jóvenes acceden al sexo desinformados o con los conceptos muy distorsionados. El hombre (en más de la mitad de los casos) llega al sexo con la certeza de que un pecho grande le dará mayor satisfacción, y el 48 % no sabe hasta después de su primer coito que la sensación placentera procede del orgasmo. A la mujer, por su parte, le preocupa más el tamaño del pene de su pareja y su estado físico que la posibilidad de contraer una enfermedad sexual”.

Aun así, el relato del primer coito, algo que ocurre cada vez más temprano, se convierte en un inventario retórico de batallitas aprendidas casi por completo de la televisión, internet y las charlas entre amigos, con orgasmos inagotables y medidas imposibles. Cuando por fin uno recapacita, acaba reconociendo que más bien fue como lo describe el psicólogo clínico y sexólogo Esteban Cañamares: “Miedo a no hacerlo bien, a quedar en ridículo o no dar la talla, torbellino de emociones y desatinos por el uso y abuso del alcohol u otras drogas”. El resultado, según este experto, es que la mitad de las personas experimenta fracaso o desilusión la primera vez. Son las trampas de la tiranía del sexo que hace del debut sexual un juego de poder, sobre todo en el caso de los hombres. ¿Pero qué hacer para que no sea así?

La experiencia es un grado

Al parecer, según Cañamares, el quid está en el buen manejo de la información sobre anticonceptivos y enfermedades de transmisión sexual y, sobre todo, tanto en la persona elegida como en el entorno. “Uno y otro deben inspirar paz y seguridad, sin que haya más impulso que el propio deseo, y no presiones ajenas”. A Santiago Palacios no le cabe duda de que la primera relación sexual puede ser tan gratificante e intensa como las siguientes. “Pero el sexo es un arte”, indica, “y, como tal, requiere técnica y aprendizaje. Hace falta descubrir el cuerpo, confianza, estimulación adecuada, compartir sensaciones y lograr trazar una exhaustiva cartografía del placer de uno mismo y de la pareja”.

Así, a la hora de definir cuándo es el momento idóneo para iniciarse en el sexo, los expertos coinciden en que no hay más dogma que la madurez, la responsabilidad y la seguridad de los interesados, tanto a nivel físico como afectivo y emocional. “La falta de previsión, delegar en el otro la responsabilidad del preservativo o la búsqueda de sensaciones avivadas por el consumo de alcohol u otras sustancias son circunstancias que apagan la libido, disparan temores e impiden que la mujer experimente el orgasmo”, añade Palacios.
La primera relación sexual es una transición importante de la vida, pero no es siempre una experiencia agradable, especialmente para las mujeres.

¿Diferencias de sexo?

Analizando datos recogidos de 1.659 estudiantes universitarios norteamericanos que habían tenido relaciones sexuales se encontró que los hombres aseguraron percibir más placer y ansiedad que las mujeres, mientras que ellos tenían menos sentimiento de culpa que sus parejas. El mayor placer de los hombres  se explica, en parte, por su mayor probabilidad de tener un orgasmo. Y ambos sexos experimentaron más placer y menos culpabilidad cuando el sexo se produjo con un primer novio o persona de mucha confianza.

Igual que ha ocurrido siempre, hombre y mujer acceden al sexo con diferente pie, según un reciente estudio entre estudiantes universitarios de la Penn State University. Mientras ellos escalan varios puestos en su ego y su nivel de autoestima después del primer coito, la mujer experimenta un batacazo en su imagen y sensación de insatisfacción. Y lo más curioso es que este rasgo permanece a lo largo de los años.

Asistimos, además, a una grave paradoja: por primera vez en la historia, ellas se confiesan rompedoras en la cama, pero en cuanto a roles y actitudes derivadas de los celos, su mente y la de sus parejas sigue sin desprenderse de ciertos estereotipos y tradiciones cavernícolas.

Un ejemplo creciente es que, cuando creíamos hecho añicos el mito de la virginidad, aumenta la reconstrucción en quirófano del himen, con el fin de satisfacer una fantasía sexual de la pareja.

(Fuente: www.quo.es)