Las fotos eróticas de mi mujer - Pasto - PastoRumba.com
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olgaOlga Rodionova pertenece a la jet set rusa, dirige la tienda de Viviente Westwood en Moscú y está casada con un señor muy rico, el magnate de las finanzas Serguéi Rodionov. Olga tiene un pequeño gran vicio: posar. Como otras muchas exhibicionistas, esta mujer disfruta desnudándose y enseñando su cuerpo, siendo retratada mientras hace el amor, mientras yace despatarrada en su carísima alcoba o mientras juega con sus vibradores. Y como a muchos otros voyeurs, al marido de Olga (que es 13 años mayor que ella) le gusta mirar lo que hace su mujer, sola o en compañía de otras personas.

Pero mientras otras parejas tienen que conformarse con hacerse fotitos guarras con sus modestas cámaras digitales, Olga tiene un esposo acaudalado y rumboso que paga a los mejores fotógrafos para que retraten su cuerpo serrano. Hasta ahora, leyendas del flash como Helmut Newton, David LaChapelle o Peter Lindbergh, entre otros, han retratado las fantasías eróticas de Olga y su marido, lo cual ha hecho de esta chica de 33 años, 176 centímetros y 60 kilos una habitual de las revistas de tendencias: su carnosa belleza, más cerca del prototipo clásico mediterráneo (Sofía Loren) que de la escualidez eslava, se ha asomado más de una vez a las páginas de Vogue, FHM, Playboy o L'Officiel, entre otras publicaciones, siempre de la mano de fotógrafos de primera fila.

En esta ocasión, esta morbosa dama quería probar una nueva experiencia: ser retratada por otra mujer. Así que llamó a la prestigiosa fotógrafa Bettina Rheims y la contrató para hacerle un buen reportaje erótico. Su marido pagó la disparatada factura. Y, ahora, Taschen publica esos retratos íntimos en uno de sus libros-joya.

Un festival de "broken glamour"

Lo primero que llama la atención del libro de Olga (que se llama precisamente así: The book of Olga) es su descarada y orgullosa feminidad. Desde la lujosa encuadernación, que imita a la de un diario escondido en una caja, hasta cada una de las cien fotos que componen el libro son, como diría John Waters, cosa de hembras. De entre sus páginas sale un aire de alta sofisticación, sólo roto por el sexo puro y duro que rezuma cada fotografía: por algo Bettina Rheims ha bautizado su personalísimo estilo como broken glamour.

Cada imagen de este libro excepcional cuenta una historia y nos dice mucho de la relación entre fotógrafa y modelo, una relación que va mucho más allá del vouyerismo: aquí ambas ponen toda la carne en el asador y montan un juego de muñecas de tamaño natural, que ambas disfrutan como niñas grandes, mientras la figura viril, masculina, paternal, del marido, se limita a observar y a pagar los juguetes.  

La fotógrafa también juega con su cámara y pasa del blanco y negro al color, resalta los objetos o la piel, según le convenga a la imagen, mientras su amiga y clienta, a su vez, juguetea con su interminable colección de consoladores, pelucas, potingues, piercings vaginales, coches, trapitos, correas, arneses… Rompiendo el glamour a golpe de látigo.

Tres sesiones golfas para un libro único

La confección de El libro de Olga fluyó de forma natural y casi orgánica, a lo largo de tres sesiones diferentes que fueron in crescendo, según iba aumentado la química entre fotógrafa y modelo.

A la primera sesión pertenecen las imágenes más “inocentes”, en las que Olga juega a pin-up del nuevo milenio. En la segunda, disparada en blanco y negro en una especie de mazmorra, la modelo se entrega a juegos fetichistas y sadomasoquistas con otros hombres y mujeres. Y en la tercera, se deconstruye y se ensucia el estilo de Maria Antonieta en unas imágenes de erotismo dieciochesco. Tres personajes interpretados por una misma actriz.

El resultado, completado por la guinda de un prólogo de Catherine Millet (co-fundadora de Art Press y autora de libros eróticos tan célebres como La vida sexual de Catherine M), es otro impecable volumen de Taschen que, esta vez, no estará al alcance de todos los mortales: su tirada de  1.000 ejemplares (numerados y firmados por la fotógrafa) y su precio de 350 euros hacen de este libro un plato exquisito que sólo una minoría podrá degustar.

La mayoría, tendrá que conformarse con admirar boquiabierta la fotogalería que acompaña a este artículo, preguntándose qué demonios habrá tras la puerta verde que sólo se abre con la llave que cuelga del piercing vaginal de la fascinante Olga Rodionova.