Ninfómanas: ¿mito o realidad? - Pasto - PastoRumba.com
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Algunos sexólogos siguen hablando de furor uterino mientras otros desmontan la leyenda de la ninfomanía y afirman que la hipersexualidad es una rara anomalía.

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Y, sin embargo, los sexólogos modernos insisten en que son poquísimas las mujeres que padecen el trastorno “hipersexual”, y la mayoría están en tratamiento. Lo demás, aseguran, son fantasías masculinas.

El término “ninfómana” tiene su origen en el politeísmo grecolatino, que llamaba ninfas a unos espíritus femeninos que vivían en la naturaleza y eran especialmente proclives a los encuentros sexuales. Pero no fue hasta finales del puritano siglo XIX cuando la ninfomanía fue catalogada como “enfermedad nerviosa” por la medicina, siendo descrita por los doctores como “desgraciadas” las mujeres que padecían “imaginación ardiente, deseos violentos y estado de extremo ardor”. Esta patología, añadían los médicos, podía terminar con la muerte de la mujer afectada. Y, de alguna manera, esta concepción de la ninfomanía ha llegado hasta nuestros tiempos.

El Diccionario de la Real Academia, por ejemplo, sigue definiendo la ninfomanía o “furor uterino” como un “deseo violento e insaciable en la mujer de entregarse a la cópula”. Y son muchos los que usan la palabra para referirse a una mujer insaciable que se entrega a muchos hombres. Aún hoy, el término conserva un matiz peyorativo que, por ejemplo, no posee su equivalente masculino (“sátiro”), que se usa de un modo más ligero o humorístico.

Un estigma cultural

“Ninfómana” es un término que continúan utilizando algunos sexólogos y la inmensa mayoría de publicistas, escritores y guionistas con ganas de encontrar un buen gancho verbal para vender sus libros, películas o material pornográfico. También se usa como insulto para definir a las amantes demasiado fogosas.

¿Ejemplos? En el best sellerDiario de una ninfómana (Ed. DeBolsillo), cuya versión cinematográfica se estrena el próximo junio, Valérie Tasso describe las peripecias sexuales de una burguesa aficionada a los encuentros íntimos con desconocidos que se acaba prostituyendo por placer. Riley Giles, ex amante de la actriz Lindsay Lohan declaró, tras cortar con ella, que “Lindsay es definitivamente una ninfómana” porque le exigía sexo varias veces al día. En la película Blake Snake Moan (Craig Brewer, 2006) Christina Ricci es una “joven ninfómana” que “sufre incontrolables impulsos sexuales”; un viejo y religioso bluesman (Samuel L. Jackson) la encadena a una estufa para intentar "curarla". Anaïs Nin pasó a la historia como una escritora "ninfómana" debido a la publicación postuma de sus desinhibidos diarios eróticos. En la web de contactos Alijera.com abundan anuncios como este: “Hola amorcitos, me llamo Patty y me encanta el sexo, soy una ninfómana y me chifla el sexo anal, ya que por detrás obtengo mis mejores orgasmos”. Y un largo etcétera.

Sin embargo, muchos expertos en la materia sexual discrepan y consideran que las ninfómanas son un mito, que ya fue desmontado en los años 50 por Alfred Kinsey: este pionero de la sexología moderna describió a la ninfómana de una forma tan lacónica como eficaz: “Alguien capaz de tener más sexo que tú”.

Hipersexuales, que no ninfómanas

En general, los actuales especialistas prefieren hablar de “hipersexualidad” que de “ninfomanía”. El sexólogo y psicólogo clínico César Menéndez define la hipersexualidad como una extraña anomalía por la cual la mujer nunca llega a experimentar un orgasmo completo y, por eso, se vuelve insaciable.

No obstante, en sus treinta años de experiencia, Menéndez sólo se ha encontrado con dos casos de mujeres que se acercaban a lo que la mitología popular entiende por "ninfómanas", por eso cree que este trastorno es más una leyenda urbana que una realidad: “Vivimos en una sociedad machista y mientras los hombres, por cuestiones biológicas, pueden quedarse dormidos después del orgasmo, hay mujeres que necesitan más; es natural que muchas necesiten al menos tres orgasmos para sentirse satisfechas. Una cosa es la necesidad femenina, casi siempre mayor que la masculina, y otra la hipersexualidad”.

Las causas de la “hipersexualidad” en la mujer son variadas: desórdenes hormonales, desequilibrios psíquicos (como el trastorno bipolar), personalidades neuróticas… Las mujeres que tuvieron una infancia demasiado represiva, excesivamente lúbrica o que sufrieron violaciones o malos tratos en su niñez y adolescencia, pueden presentar desórdenes en su apetito sexual.

También existen causas clínicas, como un tumor en el lóbulo temporal o en la zona del cerebro que regula el comportamiento sexual, o padecer alguna enfermedad como el hipertiroidismo, que en su fase avanzada puede incrementar de forma notable el deseo erótico. La hiperplasia suprarrenal congénita es otra enfermedad que suele causar hipersexualidad, debido a la sobreproducción de andrógenos que provoca.

La ninfomanía es, pues, un mito más del imaginario masculino, tan utilizado para reprimir la sexualidad femenina como para exaltarla en mil fantasías que poco tienen que ver con la realidad: las mujeres hipersexuales son una minoría. El resto, son chicas que, sencillamente, han liberado su sexualidad y disfrutan de sus cuerpos multiorgásmicos, o bien utilizan el sexo como remedio para sus carencias afectivas.

Lo dice Valerie Tasso al final de su Diario de una ninfómana: “He sido una mujer promiscua, sí. Porque pretendía, en definitiva, utilizar el sexo como medio para encontrar lo que todo el mundo busca: reconocimiento, placer, autoestima y, en definitiva, amor y cariño. ¿Qué hay de patológico en esto?”