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Cuando un ordenador viene de regalo con una revista

Sí, el titular dice lo que dice: compra esta revista, y te regalamos con ella un ordenador. Un ordenador que viene pegado en la portada, que despegas, conectas a los periféricos correspondientes, y funciona perfectamente. Y que, si lo quieres adquirir por separado, te costará cinco dólares. Es el PiZero, el nuevo modelo que la Raspberry Pi Foundation ha lanzado hoy, más potente que su primer modelo.

No está fabricado en China, sino en Gales, con el propósito de llevar a lo mínimo posible el precio de un ordenador.

Sí, el PiZero es un ordenador, aunque su aspecto difiera bastante de lo que habitualmente conocemos por ordenador. Es una placa de nueve gramos de peso en la que todos los componentes están a la vista, al aire, que se recomienda meter en algún tipo de caja (la base de su miniaturización está en parte en el uso de capas de circuitería, lo que hace que si se apoya directamente en una superficie conductora de electricidad, pueda sufrir cortocircuitos), y que hay que conectar como mínimo a una alimentación de corriente (un simple cargador de teléfono móvil), a un multiplicador de puertos USB en el que enchufar un teclado, un ratón, o un adaptador de red inalámbrica, a una pantalla (que puede ser la televisión o un monitor cualquiera con conexión HDMI), e introducir una tarjeta SD que lleva el sistema operativo y sirve además para el almacenamiento. Pensémoslo un momento: definitivamente, algo cambia cuando el precio de un ordenador llega a ser menor que el del adaptador de red inalámbrica que necesitamos para conectarlo a la red, el de la mayoría de los teclados y ratones que hay en el mercado, el de la tarjeta SD que usamos para su sistema operativo, o por supuesto, el monitor al que lo enchufamos. Pero no, no es un truco ni una promoción comercial agresiva: es lo que hay.

Usar un PiZero puede parecer complicado, pero no lo es: se conecta en un momento, no tiene pérdida posible, y funciona de maravilla. Y sí, es un ordenador, capaz de correr un navegador o incluso de reproducir vídeo en alta definición.

No es el primer proyecto de este tipo: el CHIP es otro intento similar, en este caso con un precio de nueve dólares, lanzado con éxito a través de Kickstarter, y he visto algunos más. En realidad, hablamos de un cambio de época: el ordenador cambia de fisonomía, y llega a un punto en el que simplemente los conectores que tengo que enchufar en él pasan a tener mayor tamaño que la placa en sí. Pura ley de Moore en su máxima expresión.

En este contexto, muchas cosas necesitan ser repensadas. La idea del ordenador como barrera de entrada pasa a necesitar una reconsideración. La de utilizar el ordenador en la educación, cuestión primigenia que propulsó la creación de la Raspberry Pi Foundation, sin ánimo de lucro, definitivamente también. Si ahora quiero montar un aula destinada a enseñar ciencias de la computación – o cualquier otra cosa – en el medio del África profunda, por poner un ejemplo, podría llegar a ser más limitante para mí la obtención de componentes como los monitores, los teclados o los ratones – o por supuesto, el ancho de banda, o incluso, en un momento dado, la energía eléctrica – que los ordenadores en sí. Pero no limitemos la imaginación a los proyectos benéficos o educativos, aunque de por sí puedan ofrecer importantes posibilidades de hacer eso que habitualmente llamamos “marcar la diferencia”: ¿qué ocurre cuando los emprendedores tienen acceso a un ordenador de cinco dólares? ¿Qué pasa cuando, tanto por coste como por tamaño, podemos plantearnos poner un ordenador en casi cualquier sitio?

Cuando un ordenador cuesta cinco dólares y viene como regalo cuando compras una revista, es que hemos alcanzado un momento capaz de dar origen a muchas catarsis en un número insospechado de cuestiones. Cuando además ese ordenador puede ser producido en Gales, con trabajadores europeos, se demuestran muchas cosas más. Como prueba de concepto, el PiZero es verdaderamente revolucionario. Pero lo que puede generar a partir de esa prueba de concepto creo que va a ir mucho más allá. (Fuente: http://www.enriquedans.com)

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