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Deep Web: en lo profundo de internet

El mundo de internet parece no acabar. Una página conduce a otra, un enlace se conecta con otro y así, de manera casi infinita. Sin embargo, el internet que todos creemos conocer es solo el 15 por ciento; el 85 por ciento restante está debajo de la punta del iceberg en lo que se denomina la Deep Web (‘web profunda’).

 

Google, el gigante de los buscadores, puede indexar 45.000 millones de páginas web, pero la Deep Web se calcula en más de 500 veces esa cantidad. Contraseñas de correos, transacciones bancarias, intranets y todo lo que se considere confidencial pasa por la Deep Web.

Por eso, esta es la parte de internet que más gusta a hackers, ciberdelincuentes y activistas proderechos humanos que viven en regímenes totalitarios.

La Deep Web carga miles de datos a los que solo se puede acceder con navegadores especializados, tanto para actividades legales como para cometer delitos. Y para sumergirse en esta red de una manera un poco más segura, se usa el software The Onion Router, más conocido como TOR.

El Proyecto TOR (www.torproject.org) surgió en los laboratorios de la Armada estadounidense para proteger las comunicaciones navales. Hoy es un software de código abierto en el que participan el Departamento de Estado de Estados Unidos, Google o la Fundación Ford, entre muchos otros donantes.

TOR siempre está desarrollando nuevas formas de garantizar la privacidad de los navegantes para que no quede ningún rastro de su paso por internet. Civiles preocupados por la libertad de expresión, periodistas, disidentes y ONG se valen de TOR para denunciar y comunicarse.

Las autoridades también lo utilizan para hacer labores de inteligencia sin ser descubiertas o para capturar ciberdelincuentes. Por supuesto, hay quienes le dan un uso indebido para lucrarse.

Los gobiernos hacen circular por aquí sus informes top secret, pero gracias a los Wikileaks de Julian Assange o a las revelaciones de Edward Snowden sobre las prácticas de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, hoy sabemos que no hay nada oculto bajo el sol.

Nos vigilan

Assange y Snowden demostraron que en el siglo XXI el ‘gran hermano’ es una realidad y que ningún movimiento pasa desapercibido en internet.

“El nuevo oro en el siglo XXI es la información. Solo por poner un ejemplo, Facebook puede crear un perfil muy preciso sobre ti y sobre miles de millones de ciudadanos, que pueden ser comprados por las empresas de marketing o por las autoridades. Saben la ideología política, la orientación sexual, los gustos y las preferencias de millones de personas que entregamos libremente nuestra información”, explica el profesor Pedro Patiño García, Ph. D. en Comunicación Profesional e Intercultural de la Escuela de Economía de Bergen (Noruega).

Hay técnicas que permiten ver qué webs están rastreando sus datos cada vez que navega por internet, pero si la paranoia lo invade, puede conseguir un sistema operativo libre instalable en una memoria USB y acceder a internet sin dejar huella.

Para Patiño, una navegación segura, anónima y confidencial debería combinar el uso de TOR “con un servicio de VPN (red privada virtual)”.

Una doble vida

¿Y es así de fácil? Va un poco más allá. “Tendríamos que modificar nuestros hábitos de navegación o tener una doble vida en internet: la superficial y la profunda”, continúa Patiño.

Quienes se han atrevido a explorar la Deep Web se han encontrado con un sinfín de opciones comerciales: desde el intercambio de productos y servicios legítimos hasta la compraventa de armas y drogas o la contratación de asesinos a sueldo.

El lado ilegal, y minúsculo de la Deep Web, se conoce como Darknet y por aquí circulan miles de millones de dólares al año, ajenos a los ojos vigilantes de Google.

En octubre del 2013 conocimos parte de la Darknet gracias a la captura de Ross Ulbricht, un joven de 29 años que presumía de haber inventado el Silk Road (Ruta de la seda), que movió más de 800 millones de dólares en sus dos años de existencia.

Por aquí se pagaban torturas, asesinatos, drogas, bases de datos, fotos de menores, y el FBI logró desmantelarlo gracias a que encontró referencias a Silk Road en foros.

Y aunque ya no exista el Silk Road como tal, está claro que la Darknet sigue viva y en ella se pueden encontrar desde ofrecimientos reales (e increíbles) hasta bromistas, pasando por policías encubiertos que buscan atrapar pederastas, sicarios, testaferros, traficantes, estafadores, etc.

Pero, ¿con qué se paga el contenido que se quiere hallar en la Deep web? A través de bitcoins, ‘monedas’ digitales cuyo valor está sujeto al que le asignen los usuarios de manera colectiva.

Orbot y Tor, más allá de Google

1. En www.stayinvisible.comdescubrirá los datos que revela su computador al mundo. Se dará cuenta de que su IP, que identifica a su computador en internet, es un secreto a voces.

2. La web fixtracking.com le enseñará qué puede hacer para evitar tanto intruso en sus navegaciones.

3. Si aún no se convence de que internet es una puerta abierta a ‘su casa’, esta web le explica cómo funciona la red cada vez que hace una búsqueda desde su computador y por qué le llega publicidad tan personalizada: donttrack.us

4. ¿Cansado de que Google revele y analice todos sus movimientos? Estos son otros buscadores que garantizan un mínimo de privacidad: duckduckgo.com y startpage.com

5. Si ya está metido en la Deep Web, es recomendable entrar a la Wikipedia Oculta (Hidden Wiki), donde localizará los dominios .onion, a los que se accede con el navegador TOR.

6. Si es de los que navega la mayoría del tiempo con el celular, explore Orbot, un navegador tipo TOR para dispositivos móviles que ofrece privacidad. (Fuente: www.eltiempo.com)

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