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Las nuevas estafas con servicios de cable, internet y celular

Son incontables las historias que llega desde distintas regiones del país, relacionadas con los engaños y trampas que están cometiendo los delincuentes, de cuello blanco o negro, con el negocio de los servicios públicos más modernos: teléfonos celulares, internet y televisión por cable. Hasta ahora, más de 26.000 casos han sido denunciados en menos de un año ante las propias empresas operadoras.

Pero voceros de la Policía Nacional me dicen que, en el mismo período, han recibido 110.000 quejas similares en toda la nación, desde pueblitos perdidos en el mapa hasta grandes capitales.

Empecemos, para que vayamos viendo, con lo que le pasó a un joven músico que a fue a cambiar su viejo celular por un modelo más reciente. Necesitaba un aparato mejor para grabar con calidad algunas pruebas de sonido.

Comienza el infierno

En noviembre pasado, él llamó a la línea de atención al cliente, desde donde le dijeron que podía hacer la compra través de internet. Así lo hizo. Pagó su deuda. A los pocos días le llegó a su casa el teléfono nuevo. Estaba feliz y vanidoso, haciendo alarde ante sus amigos, pero la dicha le duró poco.

Tres meses más tarde le mandaron una cuenta, exigiéndole que la cancelara de inmediato, por el valor de una nueva línea telefónica y los respectivos intereses atrasados. Llegó por más de 320.000 pesos. Habló con la empresa operadora y aclaró que él no había pedido ni estaba usando ninguna línea, sino su viejo número, el mismo de siempre.

Entonces, para obligarlo a pagar lo que no había comprado, comenzaron a acosarlo. El primer día le bloquearon el servicio de mensajes. Después le cerraron la posibilidad de recibir correos. Le llegaban notas amenazadoras. La víctima no se dejó amedrentar e hizo lo que deberían hacer todos los ciudadanos que estén en ese mismo problema: en vez de someterse al atropello, se presentó en las oficinas de la empresa y exigió que lo dejaran hablar con los jefes.

Se descubre la verdad

En ese momento, gracias a la actitud de un hombre honrado, se pudo establecer lo que estaba pasando. Un empleado de la compañía de celulares aprovechó los documentos que el músico había presentado para hacer la reposición y, con esa misma cédula, sacó otra línea de celular.

Luego se la vendió a un puesto callejero de llamadas, que nunca tendría que pagar nada, puesto que el número estaba a nombre de otro, el pobre músico, a quien empezaron a pasarle la factura y a cobrarle cada consumo mensual.

Descubierto el pastel, se iniciaron las investigaciones para establecer hasta dónde había llegado semejante estafa. Los hallazgos son terribles. Hay redes haciendo esas mismas trampas en numerosas empresas. Se ha detectado que existen bandas completas dedicadas a ese delito.

En algunos casos, se ha establecido que los delincuentes no venden el nuevo número a comerciantes callejeros de celulares, sino que se quedan con él, montan su propio negocio para vender llamadas y así se ganan la plata completa, mientras le cobran al inocente usuario.

Robo y falsificación

Ustedes se preguntarán de dónde sacan las cédulas de sus víctimas. La Policía me informa que, por lo general, las compran en negocios informales a los que acude la gente para sacar fotocopia de sus documentos. Cuando el cliente se va, aparecen los delincuentes que pagan hasta 500.000 pesos por esa reproducción de la cédula.

En otros casos, se valen de cédulas robadas. Reemplazan la huella y la foto del ciudadano original por las de un cómplice, pero el resto del documento permanece intacto. Con él compran a plazos una línea nueva. Luego la usan para vender llamadas o, lo que es peor, para revendérselas a las bandas criminales de asaltantes y extorsionistas.
–Con esa identificación falsa afectan a la persona suplantada, pero también a los operadores, que acaban pagando esa plata–, me dice Nancy Patricia Gutiérrez, presidenta de la Asociación de Empresas de Telecomunicaciones Móviles (Asomóvil).

Cuando el usuario demuestra que ha sido suplantado, agrega la señora Gutiérrez, “el operador asume la pérdida de ese dinero, en unas cantidades monstruosas que crecen constantemente”. Cómo será que en menos de un año, en los diez meses que van de julio del 2014 a mayo del 2015, “los operadores identificaron 26.684 de esos delitos en todo el país”.

También con teléfonos fijos

Lo que le pasó a aquel músico de nuestra historia no es nada si lo comparamos con el caso de un odontólogo en Cartagena. Resulta que, hace cinco meses, llegaron al consultorio dos muchachas vendedoras de una renombrada empresa de tecnología, y le dijeron que iban a mejorarle su servicio de internet, poniéndole un sistema más moderno y más barato.

Lo cierto es que no le mejoraron nada. En cambio, sin que él tuviera la menor idea y sin habérselas ofrecido ni obtenido su autorización, le instalaron tres líneas telefónicas nuevas. A los pocos meses empezaron a llegarle las facturas y nuestro hombre se quedó con la boca abierta. Le estaban cobrando 470.000 pesos que no debía.

Pero el doctor, tal como había hecho el músico, se negó a pagar como un manso cordero, se sublevó contra la injusticia y resolvió enfrentarse al abuso. Luchó con la empresa hasta demostrarles la verdad. Al fin le reconocieron que tenía razón y lo dejaron en paz.

Ese es un engaño que ha venido creciendo últimamente: algunos promotores de ventas, contratados de manera temporal, instalan servicios que nadie ha pedido para hacer fama de eficientes o para cobrar sus comisiones. Las víctimas suelen ser consultorios, oficinas, pequeños negocios, mujeres que viven solas.

Las telenovelas

Un día llegaron los operarios al edificio de apartamentos y comenzaron su trabajo de instalar el internet de banda ancha. ¡Qué bueno! Salvo que nadie se los había pedido. Al cabo de los meses, los vecinos, indignados, se negaron a pagar los recibos. Ni siquiera habían usado esas líneas. La verdad es que ni siquiera sabían que existían.

Con el mismo propósito de los promotores de ventas –ganar comisiones por cada cliente–, los instaladores ponen internet sin la aprobación del residente. En algunos casos se ha demostrado que sobornan al portero del edificio. O también lo engañan diciéndole que van a hacer mantenimiento.

Pero muchas veces el abuso no lo comete solo el contratista o el promotor de ventas, sino también las agencias o concesionarios de la propia empresa. La señora Morales, por ejemplo, vivía feliz en un cuarto piso. Viuda y entrada en años, la señora Morales se divertía a sus anchas viendo novelones todo el día. Para eso, precisamente, había contratado por un año un paquete de televisión por cable, que incluía un canal dedicado exclusivamente a telenovelas.

¿Un año? A los cuatro meses le informaron que las telenovelas habían sido separadas del resto, y, en consecuencia, si quería saber en qué terminaban los amoríos de Augusto César con la hermosa Belinda, tendría que pagarlo por separado.

El ‘call center’

La última denuncia que me ha llegado es de una profesora bogotana de 29 años que vive con su madre. Está tratando de abrirse paso en la vida y hace gestiones para comenzar un negocio propio. Para ello contrató por un año un paquete de internet y televisión que le valía 62.000 pesos mensuales. A los cuatro meses, se lo subieron a 66.000, poco después a 69.000 y nunca recibió aviso alguno de esos incrementos.

¿No será que en medio de tanta tecnología está haciendo falta un poco más de calor humano al momento de atender a la gente? Es que ahora todo se maneja a través de las líneas de atención al cliente, conocidas como call centers, que quedan en la India o en México. Ya nadie conversa mirándose a la cara.

Todos estos casos son apenas un muestrario de centenares de episodios parecidos que se producen a diario. En muchas ocasiones, ni siquiera hay un contrato formal entre el operador y el usuario.

Epílogo

–Las compañías están poniendo en práctica nuevos procedimientos de seguridad– me dice Nancy Patricia Gutiérrez.

Lo primero que debe hacer un cliente es avisar de cualquier anomalía. No olvide que la propia empresa también es víctima de un desfalco.

Ya lo sabe: cuando encuentre en su recibo un cobro por equipos o líneas que no ha comprado, repórtelo de inmediato a su operador y denúncielo ante la Policía.

Según las cifras de Asomóvil, en Colombia, que tiene 45 millones de habitantes, funcionan actualmente 55 millones de teléfonos celulares. El 26,9 por ciento de ellos es usuario de internet móvil. Esas cifras gigantescas no son cosa de juego. Ya es hora de actuar en serio.

JUAN GOSSAÍN
Especial para EL TIEMPO

Pico y Placa Pasto 2017